Ellos no ven la lluvia, porque no sienten tu dolor. Ellos no conocen que hay detrás de tu mirada, porque nunca te miraron a los ojos.
Nadie te vio como lo que eras; un manojo de sentimientos que un día se hicieron
carne para vivir y poder tomar forma, conocer al mundo y confrontarlo.
Hoy hace frío; esta
tarde quizás no vaya a ser la más importante de tu vida, pero tal vez te
muestre un nuevo rumbo. Puede que al final del atardecer, la noche se apodere
de tus emociones, y te deje volver a ser esa nube de afectos, ya sea amor, dolor y
demás cosas que un día te dieron a entender que estabas vivo.
Cada amanecer
empieza con un sueño. Terminaste de soñar cuando despertaste, para seguir soñando
hasta el punto de que los paisajes que engendrabas se convirtieron en carreteras familiares y eternas que nunca
dejas de figurarte, que siempre están con vos, y que no podes quitarte de
encima, porque representan lo único que hay de fiel a vos mismo,que es tu verdad.
Un día, creo que
hice algo que nunca nadie pudo. Vi la lluvia, tu dolor y a tus ojos cuando
sangraban. Perdiste tu omnipotencia, pude poner en jaque tu falsa perfección.
No eras feliz, pero yo lo pude ver. No te molestes en ocultarlo, eso no va a
cambiar el curso de tu vida. Permitite sentir, despójate de los anhelos de perfección,
deja que lo bueno del mundo penetre en tu cuerpo, y ahí, tan solo ahí, tal vez
puedas ser uno con el todo para no sentirte nunca más solo. Ahí, tan solo ahí, tal
vez puedas llegar a ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario