miércoles, 1 de mayo de 2013

Construir


Construir en estos tiempos no es nada fácil. Los castillos de arena que con esfuerzo se construyen, son arrastrados por la furia de la marea que se abate contra sus cimientos.
  Enarbolar un plan, un proyecto, requiere de una coraza que lo proteja de los embates sinuosos que no lo dejan crecer, dejar de ser un proyecto para convertirse en un puro presente, dejar de ser una larva para convertirse en una mariposa y así volar libremente. 
  El crecimiento personal, para alcanzar las banderas de un algo inesperado que se oculta tras la cara visible de lo esperado, requiere de una seguridad en cuanto a materias de ideales, de fortaleza para no caer por el primer proyectil lanzado al cielo al momento en que uno se predispone a abrir las alas.
  Y no solo que se requiere tener cuidado de los proyectiles venidos desde afuera, sino también de aquellos que bombardean desde adentro. La inseguridad, el temor al fracaso, son moneda corriente en una sociedad que no conoce de grises, sino que se mueve de lleno en las extremidades del odioso fanatismo que implican lo blanco o lo negro. No es ocioso ni casual que en miles de millones de años, no hayamos aprendido a vivir como debiéramos, construyendo algo mutuamente para de esa manera ser todos participes de un hábitat realmente igualitario e integrativo para todos.
  Pero así es que estamos, queriendo ser dueños de una razón que no existe, queriendo ser coronados como próceres a costa del malestar ajeno, olvidándonos que todos tenemos algo para aportar, algo que no es un todo pero si una parte de ese momento ideal. Igualmente, y a pesar de eso, confió en que algún día dejemos  de lado nuestras contrariedades, y hagamos de ellas algo más productivo que un generador de odio. Bendito seria el día en que nuestras adversidades se transformen en puntos de vista contrarios que contribuyan a la ampliación de nuestras mentes. Agraciados serian nuestros presupuestos si dejaran sus deseos de grandeza y absolutismo, para comprender que realmente  somos nada más que personas, entre las cuales nadie es más ni menos que nadie, sino que cada cual es dueño de virtudes que le son únicas, y que junto con las de otros seres podrían dar rienda suelta a un proceso de reconstrucción social revolucionario que deje de lado las codicias, los anhelos de fama y reconocimiento por sobre los demás,  incluyendo también todas las otras cosas que no hacen sino más que embaucar nuestra propia existencia. 
  Anhelo fervientemente que llegue tal momento. Sé que no será fácil, sé que las palabras son tan solo palabras, y el viento como el tiempo se las pueden llevar a un lugar recóndito del cual nunca volverán. Sé que pueden perpetuarse, y para ello deben evolucionar hasta convertirse en acciones. Si las palabras se convirtieran en acciones nobles, existiría la probabilidad de que estas se transformen en un cosmos gentil y equitativo. Ojala así sea, ojala las palabras no sean arrastradas al olvido, ojala se traduzcan en acciones, y ojala estas acciones queden impregnadas para siempre en la memoria colectiva que es la memoria del mundo, la única que nos hermana y en un futuro, quizás lo haga de manera universal.

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