Muy pronto, el sol podrá brillar eternamente; muy por lo
bajo, tus gritos se convertirán en silencios eternos. Nada que no busques te
hallara, más que la tranquilidad que nunca pudiste encontrar. Las palabras que
no dijiste, pronto el polvo se convertirán,
solo para ser recogidas y no volver a estorbar.
De la muerte
nacen las flores, esas flores que mañana se convertirán en tu refugio para
protegerte de todo lo que te hace mal.
Ya no habrá miedos, rencores ni tampoco soledad. Solo habrá un gran
jardín donde la calma correrá a la par del viento, y el suave fluir del río y tu
alma se convertirán en una sola entidad.
Después de una
vida de altibajos, caíste, y fue ahí cuando te levantaste y te diste cuenta de
cual era tu final, cual era tu felicidad. Esa estaba más allá, donde muy pocos
la podían encontrar. Espero que te hayas
podido reunir con ella, hacer una sola entidad, un solo espíritu, una sola
deidad.
Mientras tanto,
yo creo que todavía no caí. Creo que es solo por miedo a ser feliz que todavía
puedo resistir. Nunca sabré hasta cuando
voy a seguir siendo un alma mentirosa y perturbada, que dé a momentos niega que
un resabio de tu alba se alineo a un fragmento nuclear de mi persona. Quizás
nunca lo sepa, y espere eternamente. Mientras tanto, seguiré temiendo a la
caída, seguiré temiendo poder levantarme para ver la luz que se posa por encima,
y me abre las puertas a un camino de completa tranquilidad. Mientras tanto, continuare
cometiendo los mismos errores todos los días, para darme cuenta al final del
trayecto, de que el impostor que hizo las veces de mí quizás nunca fui yo.
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