miércoles, 20 de marzo de 2013

En la nada (emulando a Ricardo)



Muy pronto, el sol podrá brillar eternamente; muy por lo bajo, tus gritos se convertirán en silencios eternos. Nada que no busques te hallara, más que la tranquilidad que nunca pudiste encontrar. Las palabras que no dijiste,  pronto el polvo se convertirán, solo para ser recogidas y no volver a estorbar.
  De la muerte nacen las flores, esas flores que mañana se convertirán en tu refugio para protegerte de todo lo que te hace mal.  Ya no habrá miedos, rencores ni tampoco soledad. Solo habrá un gran jardín donde la calma correrá a la par del viento, y el suave fluir del río y tu alma se convertirán en una sola entidad.
  Después de una vida de altibajos, caíste, y fue ahí cuando te levantaste y te diste cuenta de cual era tu final, cual era tu felicidad. Esa estaba más allá, donde muy pocos la podían encontrar.  Espero que te hayas podido reunir con ella, hacer una sola entidad, un solo espíritu, una sola deidad.
  Mientras tanto, yo creo que todavía no caí. Creo que es solo por miedo a ser feliz que todavía puedo resistir.  Nunca sabré hasta cuando voy a seguir siendo un alma mentirosa y perturbada, que dé a momentos niega que un resabio de tu alba se alineo a un fragmento nuclear de mi persona. Quizás nunca lo sepa, y espere eternamente. Mientras tanto, seguiré temiendo a la caída, seguiré temiendo poder levantarme para ver la luz que se posa por encima, y me abre las puertas a un camino de completa tranquilidad. Mientras tanto, continuare cometiendo los mismos errores todos los días, para darme cuenta al final del trayecto, de que el impostor que hizo las veces de mí quizás nunca fui yo. 

martes, 12 de marzo de 2013

La sombra de lo que fui



No tengo nombre, no me puedo reflejar en un espejo. Solo soy un espejismo.
  Partiste, y solo quedo una sombra de lo que fui; es como si la sombra de lo que fuiste me haya dejado ensombrecido.  Y ahora, después de esa concatenación trágica de hechos, me di cuenta de que soy un fantasma, de que no existo. Soy tan falso como una moneda de dos pesos, como el sentimiento fraternal de dos personas que se abrazan para poder estar juntas siempre. Nada, solo soy nada, y tampoco tengo mucho para decir.
  Quizás en la otra dimensión mi sombra no sea una realidad material, de carne y hueso; quizás sea solo un reflejo como debe ser, un espejismo de que en realidad soy, y no una muestra real de lo que soy. Por eso es que algún día, cuando la oscuridad se apodere de mí, cuando las nubes tapen lo que queda de luz interior, preferiré partir heroicamente, pero a la vez anónimamente, como alguien que se mueve sigilosamente para nunca ser atrapado. Así será mejor, silbando y volando bajo, para que la caída no sea tan fuerte, y su impacto no provoque más dolor.
  Tal vez, en la realidad subalterna, me encuentre con vos para que me devuelvas lo que alguna fui, y de esa manera poder devolver te tu sombra que me tapa la visión del sol, de lo que fui, de lo que alguna vez quise ser, y hoy no puedo ser: vos en mí.