Con
el paso del tiempo, la sexualidad de cada uno de los seres humanos ha sido un
amplio tema de tabúes, debates, contradicciones, e inclusive hasta también ha
llegado a ser objeto de persecución.
La
sexualidad de los seres humanos, tal cual como cada uno de estos elige vivirla
conforme a su esencia interior y fluyendo con el río que nace en sus almas, no
está regida ni tampoco lo ha estado por ninguna entelequia sobrenatural que le
imponga modos y adecuaciones conforme a sus criterios universales las distintas
maneras de proyectar y sentir la sexualidad.
Pero
como ya hemos nombrado la palabra sexualidad un par de veces, se hace necesario
preguntar: ¿A que nos referimos cuando hablamos de sexualidad? Tomando los
criterios que haya invocado la Organización Mundial de la Salud , se podría definir a
la sexualidad como “una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano.
Basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la
orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva, el amor y la
reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías,
deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, practicas, roles y
relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores
biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o
espirituales”.[1]
Tal
como la definición de la Organización Mundial de la Salud lo explica, el
concepto de sexualidad no solo debe ser comprendido bajo preceptos
bioanatomicos o psíquicos, sino que también deben ser tomados en cuenta los
diversos entornos sociohistórico y socioculturales para de esa manera dilucidar
de qué manera ha sido expresada en cada civilización.
A
partir de lo desarrollado hasta aquí, se hace evidente que la sexualidad no
está regida por ninguna ley que la convierta en una suerte de esencia univoca,
sino que se moldea de acuerdo al sujeto en el cual aparece como inserta.
Durante
mucho tiempo, y a pesar de que en algunos momentos no fue tal, la
heteronormatividad ha ordenado los modos de relacionarse amorosa, afectiva y
sexualmente, y se ha encargado de excluir todo aquello que estuviera por fuera
de este campo, aniquilándolo e invisibilizándolo de las más maneras diversas.
Aquellas vidas sexuales que no se ajustaban a los preceptos heteronormativos,
considerados como si hubiesen arribado a la faz de la Tierra tal como las tablas
de la ley a Moises, han llegado inclusive a ser patologizados durante gran
parte de la historia de los tiempos; y aun hoy, para algunas mentalidades que
no se han percatado de que al abrir las puertas de las percepción el mundo se
hacía más amplio, esto sigue siendo tal cual mencionábamos antes.
Sobrados
son los ejemplos que nos marcan esta lamentable realidad, y que para algunos
seria como una suerte de retroceso cuando en realidad imaginaban que el futuro,
tal vez en un futuro más cercano de lo que muchos imaginan, les iba a proveer
de las bondades “más humanas” que un soñador de aquellos idealistas se podría
imaginar en uno de esos sueños diurnos que se erigen como vía recta a un mundo mejor.
Lo
que queremos argumentar con esto, lo que anhelamos exponer ante la mirada de
aquel que por un rato se haya distraído y por consiguiente haya desviado su
atención de estas cuestiones, es que a pesar de que en nuestro país
particularmente, y en otras regiones del mundo también se hayan convalidado
derechos que protegían la integridad de las llamadas “minorías sexuales” ,
tales como la ley de matrimonio igualitario que le permite a dos personas del
mismo sexo biológico dentro de la lógica binaria contraer matrimonio, y también
la nueva ley de identidad de genero que permite a las personas trans acceder a
la rectificación de sus datos registrales sin previamente pasar por una
instancia judicial, los prejuicios y la segregación de las personas trans y homosexuales siguen tan o casi vigentes
como lo han estado desde hace mucho tiempo.
En
este ensayo, entenderemos por personas trans a aquellas personas cuya
sexualidad no puede ser encerrada dentro de los estrechos límites que implica
la lógica binaria. Tal es así que el sexo asignado al nacer, de raigambre
biomédica, puede no coincidir con la identidad de género que una persona
cualquiera adopte en el curso de su desarrollo. Es decir, que desde la
perspectiva transgenérica, no se entiende a la diferencia sexual como una
matriz necesaria de subjetivación que signifique una suerte de condicionamiento
inexorable para las personas. A partir de esto, se puede inferir que nace una
categoría de persona independiente de tales condicionamientos.
Para
continuar en la línea que veníamos remarcando y que aludía al prejuicio como
manifestación prominente en la actualidad, muy a pesar de que con el
advenimiento de la democracia, tras una época marcada a fuego y piel por un
golpe de estado que se encargó de cercenar los derechos y libertades de todos
cuanto no se ajustaran a las lógicas más conservadoras, aniquilando ideas y no
solo metafóricamente, se llegó a marcar un antes y un después con respecto a
los derechos de las consideradas “minorías”. Pero muy a pesar de esto, la
segregación sigue siendo algo que nos encandila por su visibilidad.
Al
haber convocado a la cita la palabra “prejuicio”, también se hace necesario convocar la palabra
discriminación. Y a partir de este momento, para ir dejando bien en claro los
rumbos por los cuales se hace camino, es preciso dar una definición de cada una
de estas dos. Tomando las palabras de Robert Baron y Donn Byrne, el prejuicio
hace referencia una actitud, generalmente negativa, hacia los miembros de un
grupo social por el simple hecho de pertenecer a este colectivo; mientras que
la palabra discriminación se refiera las actitudes traducidas en acciones.
Para
hacer más transparente lo que intentamos decir, los ejemplos tocan a la puerta
de nuestra capacidad imaginativa. En nuestra República Argentina, prejuicios y
discriminación sobre las personas trans abundan y en gran cantidad. Pero,
actualmente, comparando nuestros tiempos con épocas que han quedado en la
historia a modo de cicatrices, la discriminación o actitud negativa llevada al
acto no se caracteriza por ser tan violenta y manifiesta como en algún tiempo
lo ha sabido ser; y donde incluso el mismo estado podía llegar a ser el
inquisidor. Este hecho arroja sobre nuestras mentes la hipótesis de que durante
los últimos años, Argentina, y más precisamente también América Latina, haya
estado gobernada por políticas de corte progresista ha hecho que los actos discriminativos
más explícitos y violentos sean juzgados y condenados no solo por las entidades
encargadas de garantizar la justicia en el seno de la civilización, sino
también por una gran parte de la sociedad.
Pero
a pesar de que los actos violentos de discriminación son condenados por una
gran mayoría, esto no significa que habitemos una suerte de paraíso tal como el
que soñaba John Lennon en su canción “Imagine”. Por mas que el contenido
manifiesto de la realidad nos haga creer en una suerte de reducción si de
prejuicios se habla, lo que aparece más
factible a la inspección, y siguiendo los pasos de Robert Baron y Donn Byrne,
que habitamos junto a lo que estos dieron en llamar “formas de discriminación
sutil” .
Como
siempre, los ejemplos sirven para aclararnos el panorama sobre aquellas ideas
que queremos plasmar en el papel, y para esta peculiar forma de
“discriminación” también brotan algunos.
El
primero que sale de las profundidades del vasto océano que se nos ofrece como
secuaz a la hora de la redacción, proviene del campo del lenguaje. Como lo
había anticipado alguna vez el legendario psicoanalista vienes Sigmund Freud,
uno es esclavo de lo que habla, y por tanto el juego de palabras que profiere
en determinado momento un sujeto cualquiera siempre connota algo del orden de
lo más profundo e interno en torno al mundo de ideas y sentimientos que una
persona conlleva dentro de sí. El hecho de que a la hora de hablar acerca de la
homosexualidad se utilicé la palabra tolerancia en relación a los sujetos que
se relacionan afectivamente con personas de su mismo sexo, no dice solo algo,
sino que dice mucho por no decir casi todo, ya
que hablar de verdades absolutas seria retraerse retroactivamente al
mundo de las esencias platónicas.
Generalmente,
las palabras, para aquel auditorio que se encuentre en el papel de receptor
pasivo esperando escuchar aquello que sus oídos esperan escuchar, no contienen
más que un contenido manifiesto, y pensar en la idea de que algo mas se esconde
tras ellas sería como para un hombre de ciencias medio del siglo XXI creer en
fantasmas.
La palabra tolerancia, si los sistemas
de interpretación de los cuales poseemos no sufrieron ningún tipo de percance,
designa algo que “debemos soportar” a pesar de
que nos disguste. He ahí en el simple uso de esta palabra, como se
pueden develar prejuicios e ideas que inclusive algunos usuarios de la palabra
tolerancia no percatan. Hablamos de una tolerancia
que discrimina, margina. Como leíamos en
un articulo publicado, “la clave no es tolerar sino aceptar la diferencia”.[2]
Otro
ejemplo, para seguir citando y así crear una base de argumentos sólidos, está
directamente vinculado la situación laboral de las travestis. En la actual
sociedad, con marcados sesgos machistas y donde hoy día algunos creen en una
suerte de superioridad de la figura del hombre por sobre la humanidad de la
mujer, encontrar un trabajo digno para cualquier travesti se convierte en
algunas ocasiones en una historia digna de una telenovela dramática, y muchas
de ellas son arrojadas a la calle para ejercer el empleo más viejo del
mundo(prostitución), con el amplio margen de riesgos que someterse a tal vida
conlleva, tales como el contagio de enfermedades venéreas, la violencia en
cualquiera de sus aspectos, y el acercamiento al consumo de drogas para
mantenerse despiertas.
Todo
esto que con anterioridad mencionamos, vinculado con la prostitución como una
de las puertas que quedan abiertas cuando parte de la sociedad se encarga de
cerrar bastantes otras, muchas veces es propulsor del estereotipo negativo que
recae sobre la figura, en este caso, de las travestis. Pero, por lo general,
pareciera que esta gente no se pregunta porque una travesti lleva tal vida,
sino que contrariamente, pareciera que eligen optar por la opción que reza que
estas eligieron la vida que llevan, como si en la realidad fáctica se
presentasen muchas otras oportunidades.
Al
tomar consecuencias por causas, al erigir a la prostitución como un camino casi
vocacionalmente adoptado, es casi imposible no remitirse a las palabras que
Michel Foucault haya proferido sobre la relación que en muchos casos ha ido a
la par entre la homosexualidad y suicidio. Este autor, siempre digno de
mencionarse, explicaba que sobre el imaginario colectivo de nuestras sociedades
actuales era muy frecuente la creencia de que las personas homosexuales tienen
una mayor tendencia a cometer suicidio que las personas heterosexuales.
Foucault, lo suficientemente libre como para abrir sus alas y desprenderse del
suelo que en ciertos momentos nos impide descubrir el universo de cosas que nos
rodean, plantea que no hay nada en el origen de la homosexualidad que la haga
más susceptible o más predispuesta al suicidio; sino que en todo caso, si esto fuera así, se lo
debería plantear en los términos que
llevan a considerar las mezquindades a las que son sometidos las personas que
incurren a tal acto para así, de una buena vez por todas, acabar con lo que se
imponía para la parte más sensible del alma como un infierno en el cual se
quemaban vivos lo que en algún momento fueron esperanzas y sueños.
Sumada
a estas palabras de Foucault, otra cosa que vocifera con fuerza y esplendor es
la frase de la canción de Víctor Heredia “Sobreviviendo”, que rezaba “Yo
no quiero ser solo un sobreviviente, quiero elegir el día para mi muerte”
El
invocar al suicidio, y a la creencia que lo acompaña según algunos, es
imposible que no se nos venga a la mente a la figura del diputado salteño por
el PRO “Alfredo Olmedo”, que era uno de los que sostenía con enorme convicción
tal idea y además abrazaba con esfuerzo la idea de que los homosexuales no eran
naturales.
Ahora
bien, la pregunta que es o no natural nos lleva a esgrimir, siguiendo el
sendero marcado por Judith Butler "que el sexo es el efecto de una
concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa de
género”[3].
En otras palabras, que la idea del sexo como algo natural se ha configurado
dentro de la lógica del binarismo de género”.
Como tal, una definición del sexo nunca podría ser alcanzada, lo que dio
pie y da a la emergencia constante de la transgeneridad.
Mauro
Cabral y Javier Leimbruger exponían sobre este concepto que el punto
sobresaliente que caracteriza la transgeneridades; “el sentido de la
contingencia: en la transgeneridad no existen ni dos sexos naturales entre los
cuales transicionar ni una relación necesaria, obligatoria, entre anatomía,
identidad de género, expresión de género y sexualidad, etcétera.”[4]
La
aparición de la transgeneridad como objeto de estudio, ha hecho posible pensar
a la sexualidad de una manera muy distinta a como se nos había impuesto desde
las instituciones cuya bajada de línea era de tipo patriarcal. Nos permite
pensar al sexo y a la identidad genérica no necesariamente soldados, sino como
algo que escapa a la mera lógica binaria y permite expandir la visión del
investigador más allá de todo lo referido a los dogmas.
La
constante lucha de los distintos movimientos sociales y de género, ha hecho
posible que en los últimos tiempos, personas que antes ni siquiera eran
consideradas ciudadanos o compatriotas por algunos, hoy dispongan de mayores
cantidad de derechos de los que poseían hace unos cuarenta años atrás. Cabe
destacar que todos estos logros han ampliado o extendido derechos que
anteriormente no abarcaban a parte del colectivo social. Tal aseveración puede
ser ejemplificada con la aprobación de la nueva ley de género por el senado.
Esta
nueva ley de identidad de género no es sólo un avance en pos de los derechos de
sus beneficiarios, sino que también es un llamado a la sociedad a pensar y
repensar la inclusión de la homosexualidad dentro de las perversiones[5],
pues luchar fervientemente por estar amparados por la ley y no apartarse de
ella, no es precisamente perverso, pues el perverso jamás buscaría otra cosa
que mantenerse apartado de la ley.
Un aspecto que no debería pasar por
alto de la ley de identidad de género es la ampliación de la categoría de
ciudadano. ¿Qué es un ciudadano? Una definición bastante completa puede ser: un
ciudadano, es una persona registrada por las autoridades, que forma parte de la
sociedad. La condición de ciudadanía, conlleva derechos y obligaciones que el
ciudadano ha de cumplir para sostener su condición de tal. Otra definición,
complementaria a la anterior puede ser: “Ciudadano es la persona que, por su condición natural o civil
de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular
de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto
de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad”[6].
La última parte de esta definición es
interesante porque antes de la ley de identidad de género, no estaba penada
explícitamente cualquier elección sexual no heterosexual, pero como tampoco
estaba reconocida, quedaba en una zona intermedia, liberada. Sin estar
incluidos en la ley (positiva o negativamente), quedaban al margen de ella y
condenados a ser objeto de imaginarios sociales que por miedo, ignorancia, odio
o una combinación de todas, no llevan a otra cosa mas que a la discriminación,
homofobia, marginalización, estigmatización. Imaginarios tales como el SIDA (o
“peste rosa” en los años 80’ )
era una enfermedad indisolublemente ligada a la homosexualidad.
Así, estos imaginarios condenan a las
personas con diferentes elecciones sexuales a no poder compartir espacios
comunes para reunirse, a no tener acceso a puestos políticos, a no tener acceso
a servicios de salud como cualquier persona.
Desde esta perspectiva, la ley de
identidad de género, es un cachetazo a esos imaginarios, porque desde la
legalidad se impone la igualdad en el trato social de todas las personas condenando a la discriminación con sanciones
severas. Permite, entre otras cosas, el acceso gratuito (porque como ciudadanos
que pagan sus impuestos, es su derecho y para el Estado su obligación) al
sistema de salud pública sin tapujos ni engaños, y des-estigmatizar, de esta
manera, que las operaciones de cambio de sexo son por puro capricho (prejuicio
que es producto de que la elección de ser homosexual es caprichosa). Por esto,
creemos que la ley de identidad de género es una recategorización del concepto
de ciudadano, quita las cadenas que pesaban sobre los homosexuales, travestis y
transexuales que los condenaban a un limbo que, al no estar reconocido por el
Estado, era condenado por imaginarios cobardes.
A partir de diferentes
prácticas sociales se fijan estereotipos a cerca de personas que comparten
ciertas cualidades, ideología, modo de vida; se instauran estereotipos sobre
las personas homosexuales que llevan a la discriminación. Actitudes y
sentimientos que llevarían a la homofobia.
“Se
llama “Homofobia”a los sentimientos negativos, actitudes y conductas dirigidos
contra las personas homosexuales” (Weinberg, 1972).
Esta
es la definición más clásica. Podríamos completarla agregando que también
incluye a las personas heterosexuales percibidas como homosexuales y por
extensión a toda práctica o conducta que se diferencie de los comportamientos
relacionados con el género prescripto para las personas, basado en su
biología.”[7]
Existen imaginarios
sociales colectivos
a partir de los cuales se asocia la homosexualidad con la promiscuidad o la pregunta de si la homosexualidad,
travestismo… abreviemos: cualquiera no
heterosexual, son perversiones, pregunta mas que de otro siglo, pertenecería a
otra era, por lo que en el marco de este seminario nos parece desactualizada,
sin embargo, no lo es tanto al nivel social. Si bien la perversión se podría
definir de diversas maneras, en cualquiera de estas definiciones sería una
constante la caracterización de la perversión como un apartamiento de la norma.
A
pesar de que aún queda mucho camino por andar, y como ya había dicho Antonio
Machado “caminante no hay camino, se hace al andar”, la lucha por habitar una
nación más justa, una Latinoamérica más equitativa y un mundo libre de
prejuicios, no se va a dar desde la mera pasividad. El verdadero cambio para
tener una sociedad totalmente inclusiva que no excluya a cualquier persona por
el solo hecho de su orientación sexual, se va a gestar en el espacio para la
lucha en el reconocimiento de los derechos que sean equitativos y justos para
todxs y no dejen por fuera a nadie. El hecho de que la comunidad LGBT se haya
hecho de algunos derechos que años atrás formaban parte de un sueño diurno, ha
emergido en la medida en que estos se posicionaron como sujetos políticos que
se atrevieron a cuestionar los cánones hegemónicos que entornaban a todos los
habitantes de nuestro suelo. Nada se ha logrado desde la pasividad; y hoy día
es el momento para que cada ciudadano se ponga de pie y abandone su postura de
hombre arrodillado, y se cuestione sobre la facticidad o no de las redes
hegemónicas de poder que los atraviesan.
Si
bien en cada proceso de lucha siempre van a existir posturas antagónicas que se
presentan tal cual como piedras en el camino (iglesia, partidos políticos
conservadores), némesis que obstaculizaron sin éxito tanto las demandas por el
matrimonio igualitario como por la ley de género, estas situaciones que se
presentan nunca deben hacer de desmotivadores que inciten a abandonar un
proyecto que conlleve a una mejor calidad de vida para todos.
Como
el de todos los soñadores, el nuestro es un sueño que esperamos en algún
momento se concrete. Como ha dicho Enrique Pichón Riviere, de lo que se trata
es de construir una totalidad compuesta por partes heterogéneas donde cada uno
pueda repensarse en torno a la figura del otro y de esa manera eliminar
estereotipos.
Mientras
tanto, todo será un sueño que la lucha seguramente puede llegar a materializar,
y para esto es necesario no quedar atrapados en la crisis, sino que es
necesario utilizarla como principal aliada para repensar continuamente nuestras
realidades y así poder avanzar en pos de la edificación de un mundo nuevo donde
todas las deidades conspiren en pos de la justicia, igualdad social y la
solidaridad
Como decíamos
anteriormente vivimos en el siglo XXI, en un país donde se acaban de garantizar
dos leyes de suma importancia para la comunidad homosexual, con la aprobación de
ambas leyes se están reconociendo los
derechos de un colectivo de nuestra sociedad, consideramos que estas leyes son
un paso muy importante hacia la igualdad y la justicia social. Sin embargo
también somos concientes que aun faltan cambios sociales, culturales, y sobre
todo cambios de ideología, ya que hoy en día a pesar de estos grandes avances
sigue existiendo estereotipos, prejuicios e imaginarios sociales que llevan a
la discriminación de la comunidad homosexual.
Bibliografía:
·
Baron,
Robert A. y Byrne, Donn. Psicología Social. Cap. 6 “Prejuicio y Discriminación:
Cómo Comprender su Naturaleza y Contrarrestar sus Efectos”.Madrid 1998.
·
Cabral,
Mauro. Glosario en Construcción. Un Itinerario Político del Travestismo en Serias para el Debate Nº 3. Lima 2004.
- Duranti, Ricardo. Diversidad sexual: conceptos
para pensar y trabajar en salud.
- Foucault, Michael. Un placer tan sencillo.
Estética, Ética y Hermenéutica.
- Sabsay,
Leticia. Judith Butler para Principiantes. Rosario.
- http://aprendiendosexualidad.blogspot.com.ar/2008/06/educacin-sexual.html
- http://www.redsemlac-cuba.net/Diversidad-Sexual/La-clave-no-es-tolerar-sino-aceptar-la-diferencia.html
- http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudadano
[2]http://www.redsemlac-cuba.net/Diversidad-Sexual/La-clave-no-es-tolerar-sino-aceptar-la-diferencia.html
[3]
Sabsay, Leticia. Judith Butler para Principiantes. Rosario.
[4] Cabral,
Mauro. Glosario en Construcción. Un Itinerario Político del Travestismo en Serias para el Debate Nº 3. Lima 2004.
[5] Al lado del
fetichismo, voyerismo, exhibicionismo, sadismo, masoquismo, acosadores,
pederastas, violadores, etc. perversos sin dudas que cumplen, además, con otro requisito fundamental de la perversión:
buscan la angustia del Otro. Ahora bien, pude decirse lo mismo de la
homosexualidad? Del travestismo? Afirmarlo sería forzar, no sólo los conceptos,
sino también lo que la realidad nos muestra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario