miércoles, 11 de abril de 2012

Suicidio, despersonalización e imposiciones capitalistas


Con el transcurrir de los años, un fenómeno de índole negativa ha aumentado su frecuencia dentro de nuestra sociedad. Tal fenómeno, ni más ni menos, es el fenómeno del suicidio, fenómeno para el que existen múltiples respuestas acerca de las posibles causantes que llevan a tal desenlace.
  En este caso particular, vamos a reducir un poco el número de causantes, y vamos a analizar un fenómeno tan importante como también lo son las crisis económicas, sociales y familiares para la toma de decisión suicida. Tal fenómeno es el de la despersonalización.
  El estilo de este artículo, como ustedes podrán notar a lo largo del texto, es de corte existencialista, ya que trata de lo más profundo, que es la esencia de los sujetos particulares. Y como ya habíamos dicho, nuestra perspectiva existencialista de hoy solo hará referencia al fenómeno de la despersonalización, con motivo de poder estudiarlo más exhaustivamente que si lo hiciéramos acompañado de otras posibles causantes.
  La sociedad que habitamos, está compuesta por un conjunto de personas que en cada instante nos explican y enseñan cómo es que debemos vivir. Tales individuos, ya sea mediante propagandas que invitan al consumo para poder erigirse en posición de ganadores, ya sea mediante la promoción en general de valores por los cuales una persona debe ser juzgada, prescindiendo incluso de su calidad humana, esclavizan de cierta manera en cada miembro de la sociedad. Y cuando decimos que esclavizan a cada miembro de la sociedad, hacemos referencia al hecho de que se nos quita la posibilidad de ser nosotros mismos, de ser fieles a nuestra esencia y regar la semilla de nuestra propia alma para que pueda convertirse en una flor.
  Habiendo mencionado el carácter esclavista de los modos e imposiciones de vivir y percibir la vida por parte del discurso hegemónico de aquellos que detentan el poder en nuestra sociedad capitalista, se podría considerar al hecho de adoptar estas maneras de vivir la vida e interpretar al mundo circundante que nos rodea como la primera muerte del sujeto.
  Esta primera muerte, la cual a muchos tal vez sorprenda, es aquella por la cual un determinado sujeto renuncia seguir el camino trazado por la benevolencia de su espíritu y se inclina por adoptar aquellas representaciones impuestas y elegidas por la gran media de la sociedad.
  A partir de ese momento, a partir del desenlace funesto en que el espíritu es privado de la luz que le muestra y guía por el camino conforme a su persona, es que en algunos casos emergen los periodos confusionales que podrían ser denominados como crisis existenciales. La aparición de estas crisis en la vida de cualquier sujeto acarrea problemas tales como la falta de sentido ante la vida, ese desconocimiento acerca de cuál es la función que cada quien viene a cumplir en el mundo, y además un enorme desprecio hacia el mundo que hace las veces de envoltura.
  El desprecio está relacionado con el hecho de creer cuasi-religiosamente en aquello que esboza que el mundo y la vida no son más que aquellas interpretaciones y modos de vivir que se nos han impuesto. La ignorancia ante esto, la falta de aquellos conocimientos que explican que las representaciones sociales no son más que representaciones creadas en el transcurso de la historia por la reunión de un puñado de personas, y no leyes que hayan sido bajadas de un decálogo por los dioses, es lo que genera principalmente el sentimiento de vacío y confusión que lleva a un periodo de crisis donde el sujeto se abre camino hacia el submundo de la constante depresión.
  Estando maduro el carozo que contiene a la primera muerte del sujeto, la simbólica existencial, variando según cada caso y su correspondiente, la crisis existencial puede ser una oportunidad tanto como para evolucionar espiritualmente y ver que la verdad se aloja más allá de lo evidente de las representaciones sociales que aniquilaron al sentido, o también puede ser una puerta que se abre a lo peor que podría pasarle a una persona que vino al mundo para ser feliz: la muerte.
  Como ya lo hemos mencionado, la muerte, última salida cuando la vida se convierte en una tortura sacrilegiosa para el propio espíritu, no es la decisión a la cual llegan todos. Algunos, quizá con un psiquismo más fuertemente armado y estructurado llegan a encontrar la salida por otro lado y hacen de la causa una nueva experiencia en la cual no se permiten volver a tropezar con la misma piedra.
  Las salidas a la hora de encarar esta problemática se relacionan con encontrar un sentido, quitarnos el velo que cubre nuestros ojos y poder ver más que nunca antes la verdadera realidad. Uno de los tantos medios, aparte de terapias de todos los tipos que ayuden a estabilizar la estructura psíquica, es la literatura, por la cual podemos entender en que enorme medida el mundo es constituido y sancionado por los hombres.
  Pero los libros, a pesar de que su utilidad es enormemente fructífera, no serán los únicos capaces en términos generales de acabar con estos tipos de muerte premeditada. La mejor manera de extirparla del seno de la sociedad será mediante la toma de conciencia total de la población, y la posterior rebelión que le procedería que tiene que ver con cuestionar todos los dogmatismos impuestos, y renunciar en parte a estos para poder vivir en un mundo donde la única religión y política sean la libertad acompañada del amor por la humanidad, lo que permitirá que seamos libres sin licencia para hacer el mal.
  Seguramente, si como civilización nos formáramos para alertar a nuestros projimosa que vivan su vida conforme a lo que sienten que es para ellos, si dejásemos de inculcarles la idea de que las personas se miden por los bienes materiales que tienen a sus alrededores, que la calidad humana y el éxito en la vida no se miden por la cantidad de personas interesadas que pululan a nuestro alrededor; seguramente eso contribuiría a que cada cual encuentre su camino en la vida y la desidia y la confusión existencial no toquen las puertas del alma de cada individuo, alejando también a uno de los factores suicidas.
  Para ir cerrando, es importante volver a destacar que tomar la problemática del suicidio desde el ángulo de la despersonalización es solo un aspecto reducido de hacerlo, ya que como hemos dicho, otros factores como las crisis económicas por ejemplo son muy influyentes; pero sin embargo aunque sea solo una manera reducida de interpretarlo, es también una manera de empezar a desmenuzar una problemática harto compleja y vasta, que esperemos algún día poder comprender mejor para de esa manera disminuir la frecuencia de estos actos suicidas y reparar los baches de la sociedad con algo que la haga más participativa, estudiosa y critica de todo lo que la compone.

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