Si bien la globalización ha ampliado las formas de
contacto en las cuales pueden incurrir las personas para comunicarse y entablar
relaciones de fraternidad, hay algo atrás de este fenómeno que muy pocos pueden
avistar, algo que a la inversa de los que muchos creen, en caso de excederse un
cierto límite, produce un efecto contrario del que supuestamente tendría que
producir.
Como ya hemos
arguyado, el fenómeno de la globalización, con todo lo que implica en cuanto a
su enorme arsenal, ha colaborado para que la humanidad pueda estar más
conectada y hasta a veces conectada aunque de manera aproximativa pero no del
todo real con sucesos y cosas que pasan a millas de kilómetros.
A pesar de esto,
el paraíso comunicacional que la posmodernidad ha traído hacia nosotros, en
realidad no hace más que taparnos los ojos con un velo ya que a la inversa de
lo que se podría pensar, este no hace más
que crear un infierno en el cual la verdadera comunicación ya no existe, se ha
extinguido.
Al leer esto,
muchos podrán argumentar que es un comentario bañado de la enorme estúpida
insensatez el hecho de argumentar que vivimos en una época donde la comunicación
no existe. Lo importante a partir de esto es interrogarnos lo siguiente: lo que
en el siglo XXI llamamos comunicación, ¿es realmente comunicación? ¿Es
realmente comunicación humana?
Con el pasar del
tiempo en lo que respecta al orden de productos derivados de la urbe de la
tecnología, la gente ha podido comenzar a comunicarse con cualquier persona con
la cual deseara a través de estos artifundios; pero sin embargo ha dejado de
lado la forma más esencial de comunicación que se puede establecer entre seres
humanos: “el contacto humano”, el verdadero contacto humano, ese que consiste
en acortar distancias con el objetivo para estar cara a cara y compartir
palabras, emociones y sentimientos que van más allá de las cyber palabras.
La cyber comunicación,
esa que la mayoría de los seres humanos utiliza y a la cual acude
cuasi-adictamente, ha terminado y por más paradójico que parezca más que en el
acercamiento mutuo del género humano, en el alejamiento cada vez mayor de
estos. Cada día que transcurre, cada hora que pasa en el reloj de arena de las sumas
deidades etercosmicas, es una hora en la que desgraciadamente nos alejamos cada
vez más de la humanidad debido a que preferimos quedarnos encerrados en la
comodidad de nuestros hogares en lugar de salir al verdadero mundo y enfrentar
todo aquello con lo cual podemos encontrarnos en él.
Lo que ha traído
la cyber comunicación a la faz de la tierra no ha sido más que un alejamiento
de la realidad social y de todas las personas que habitan en ella. Un ejemplo
que ilustra esto es lo que sucede en nuestra querida Argentina, país en el cual
las crisis sociales imperan desde hace ya varios años. La gran mayoría de los
habitantes de este territorio geográfico, en lugar de pelear por producir mejoras que permitan desterrar a
estas crisis, en lugar de acercarse y mantener contacto cara a cara con
cualquier prójimo que a su lado pueda aparecer, prefiere encerrarse y seguir
siendo un ciudadano de honor en su mundo cibernético.
El mundo cibernético,
ese del cual venimos hablando, aleja a la gente en lugar de acercarla ya que es
una suerte de dimensión paralela en la cual la gente se refugia para evitar la
confrontación con el mundo real.
Al encerrarnos,
al enfrascarnos en el mundo alterno al que nos puede transportar la tecnología,
perdemos el nexo que nos une con todo lo que sucede a nuestro alrededor y
condiciona nuestras vidas. La pobreza, el hambre y la impotencia que generan
estos modos de hacer lazo impregnan el manto de nuestra civilización, pero como
sociedad optamos por encarcelar nuestras mentes al servicio de aquellos que
quieren que caigamos en tal estado de pseudo servidumbre y pasividad.
La tecnología,
con todas sus maravillas ha terminado por deslumbrar a todos y su brillo no ha
hecho más que enriquecernos. Aquellas cosas las cuales harían que la sociedad
se una en favor de la justicia y
el amor, son aniquilados por ese individualismo que hace
que prefiramos crear un nuevo mundo apacible en la realidad cyber paralela a la
unión real con personas de carne y hueso.
Aquellos momentos
en los cuales e podría tener una conversación más profunda, que va más allá de
las meras palabras robotizadas y estereotipadas, son suplantados por el chat o
los mensajes de textos donde el calor de las palabras o de un abrazo no puede
emerger.
Es así, como a
partir de todo esto, se puede corroborar que vivimos en el país de las
maravillas que cada uno de nosotros ha optado por crearse para sí mismo. La
soledad en sus distintas formas se apodera cada vez más de nuestras vidas; lo que antes eran diálogos
y cruces de palabras en un café, en un punto de encuentro común para varios
individuos, hoy se ha convertido en conversaciones mediadas por aparatos que
nos alejan de aquellas personas con la cual nos contactamos. Estamos realmente más
solos de lo que creemos, ya que las verdaderas emociones y sentimientos
incluyen miradas, gestos y demás tipo de señales que estando distanciados no
podemos expresar ni percibir.
A pesar de la crítica
que venimos haciendo a aquellos aparatos destinados a facilitar el intercambio simbólico
entre hombres, hay que admitir que su uso puede ser bueno como por ejemplo para
poder informarnos de aquellas cosas que pasan en lugares remotos. Pero el uso
de estos puede resultar pernicioso desde el preciso momento en que nos aleje
del mundo verdadero, siempre y cuando no reemplace al contacto humano.
En los casos en
que este resulta reemplazado, se puede evidenciar que sucede para mal. Es tan así
que, por ejemplo, muchas personas que usan redes sociales a diario parecen
alejarse de la verdadera realidad social y concentrarse completamente en la
realidad que esta les ofrece. Resultado de esto es que sus vidas pasan por ver
fotos ajenas con diferentes propósitos tales como la curiosidad o la crítica, o
también por convertirse en fieles súbditos de aquellos que publican sus
productos en estas redes sociales; y todo esto como si la verdadera vida se
tratase de esto.
Detrás de la alucinación
venida con el país de las maravillas, en la vida real, se oculta otro mundo que
no es el que la cyber globalización nos ofrece. Atrás de toda esa fantasía
creada por gente con serias intenciones de alejarnos de la realidad verdadera,
se encuentra el mundo real con todas las miserias que se alojan en el como
principales características, ya sea la enorme soledad y dolor que siente aquel
indigente al cual la vida le ha jugado una mala pasada,, el hambre y la droga
que hacen de muchos jóvenes almas perdidas, y demás cosas de esta índole.
Hasta que el
hombre no se plantee que es la comunicación, seguirá creyendo que está conectado
con el mundo, lo cual no es más que una mera alucinación ya que contrariamente
se desconecta más.
Aquello que
creemos que nos conecta íntimamente con los seres que conforman la sociedad, en
realidad nos aleja más a causa de que el dolor y la angustia cotidiana no se
expresan solo por palabras, sino que también lo hacen en una mirada, en un
gesto o en una lagrima: Todas estas, cosas de las cuales no nos damos cuenta
parece.
Parar ir
terminando con este segmento de la historia cotidiana, digno de mencionar es
que la comunicación engendrada por la globalización nunca será mala siempre y
cuando no reemplace totalmente a la humana. El contacto humano debe ser la
principal de las conexiones con el mundo.
Muchos somos los
ingenuos creyentes de que al estar conectados desde el principio hasta el final
del día con un celular o una computadora, nos estamos conectando e
interactuando con el mundo, cuando en realidad nos estamos distanciando refugiándonos
en un mundo creado por aquellos que ocupan posiciones altas en la pirámide social
y quieren alejarnos de la verdadera realidad social.
La verdadera
realidad de la cual venimos hablando no se puede aprehender por intermedio de ningún
gadget. Esto solo se puede aprehender mediante el acercamiento físico entre
distintas personas, en la audición de sus palabras, en el cruce de miradas o en
la mera visión de una lagrima que se escapa de las pupilas.
El verdadero
contacto, ese que una al género humano para la futura realización de cosas
buenas e importantes, no será aquel que expulse a sus miembros a las tinieblas
oscuras de la soledad que le ofrecen sus lugares materiales. El auténtico modo
de comunicarse, el que revolucione las relaciones sociales será aquel que ponga
cara a cara a la gente, para que de esta manera podamos percibir que es lo que
sucede realmente en nuestra realidad y de esta manera escapar a la visión de la
realidad que quieren imponernos; y además poder transformar la cruel realidad
que nos toca habitar.
Por tanto, el día
que los hombres se unan será aquel en que el contacto sea humano y no meramente
cibernético. La reunión entre distintos seres en un espacio material como lo es
el mundo real no traerá la solución inmediatamente, ya que esto implicaría etapas
de evolución que van desde la eliminación de los prejuicios hasta la tolerancia
total, pero seguramente será el motor para edificar un espacio mejor.
Había una frase que decía "el sólo acto de hablar no te hace inteligente". Creo acá que el hecho estar persecutoriamente conectados, no implica necesariamente que haya conexión.
ResponderEliminar¿Y en cuándo esa conexión deja de ser necesaria, informativa; y pasa a ser una excusa para ganar mero reconociemiento?
¿Qué tan conectados estamos si cada vez somos más individuales?
El General Polino, a las órdenes del rey Fort.
la conexion es tan solo una conexion ilusoria..el avence de la tecnologia sera bueno siempre y cuando no implique que el hombre se olvide de que es hombre..ayer hablabamos de volver a lo primitivo; y lo primitivo seria volver a retomar aquellas cosas que nuestros abuelos hacian,tales como las charlas de vecinos,juntadas en el club y demas cosas que hacen a la comunicacion real y verdaderamente humana..
EliminarUn abrazo querido bruno,y que el rey te acompañe..
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