miércoles, 25 de abril de 2012

La inseguridad y sus causas




La actualidad nos hace testigos de hechos que amenazan de alguna manera u otra la integridad de la sociedad en su conjunto, pero que pocos se atreven a cuestionar en profundidad, profundidad que les permitiría llegar a resolver el acertijo que se oculta en las profundidades de los mares del desconocimiento.
  El fenómeno de la inseguridad, una temática que hoy ocupa en gran medida la vida de los argentinos, fenómeno que ha aumentado con el pasar de los años, es un tema del que muchos opinan y hablan como si se tratara de algo que no encaja en los moldes de un paraíso celestial que nosotros, seres de bien, habitamos.
  Las graves situaciones de crisis que se dieron en los últimos años en nuestro país, acarrearon una enorme cantidad de problemas vinculados con la emergencia de personas, que siendo las que más pagaron las consecuencias de estas, quedaron posicionadas en una situación de extrema vulnerabilidad social.
  Estar en situación de vulnerabilidad social implica no poder satisfacer necesidades tan básicas tales como como lo son el derecho a la educación, el derecho a tener todos los días un plato de comida en la mesa, el libre acceso a una vivienda digna, y demás cosas que conforman el grupo de las necesidades tales como el derecho a acceder a los servicios de salud.
  A partir de que muchas familias se hayan visto envueltas en una situación tal que no podían satisfacer sus necesidades básicas, con la impotencia que conlleva el hecho de no poder mandar a sus hijos a estudiar por falta de dinero, con lo cual estos terminan trabajando y no estudiando como sucede en muchos casos; es como comenzaron gran parte de los problemas que hoy conocemos y etiquetamos con el rotulo de inseguridad, y que muy pocos parecen querer analizar hasta lo más profundo de sus entrañas.
  El hecho de estar por fuera del sistema, para muchas familias significo estar por fuera de la vida, consumiéndose en la impotencia de no poder vivir dignamente mientras los medios de comunicación le mostraban una vida que nunca iban a poder tener. Es por esos momentos donde la impotencia se apodero por completo de algunos, y las esperanzas de tener una vida mejor abandonaron las huestes de sus vidas.
  Cuando las esperanzas se esfuman, cuando no hay ningún sol, ningún renacer en el horizonte que indique que hay algo mejor por venir, es ahí donde aquello que muchos hablan desconociendo gran parte de la problemática y reza “para estos la vida no tiene ningun sentido”, cobra algún sentido.
  Una pregunta un tanto para anda retorica emerge: ¿Qué sentido puede tener la vida para una persona a la cual, literalmente, la vida lo ha escupido en la cara? Esta es una pregunta que en el fondo suponemos que muchos deben saber responder, pero quizás por cuestiones de comodidad y por riesgo a que se caigan los anillos que decoran a sus manos en cuyas venas corre sangre real, no se atreven siquiera a formularse.
  Cabe destacar también, como ya hemos querido hacerlo de manera implícita, que la pobreza no es sinónimo de criminalidad. Esbozar esto sería  criminalizar a la pobreza, cosa que no pocos que quieren dar una opinión sobre esta problemática terminan haciendo. Hay que hacer incapie en el hecho de que estar inmerso en una situación de extrema vulnerabilidad social influye de alguna manera en la problemática de la inseguridad sobre la cual venimos hablando, pero no determina de ninguna manera.
  La gran mayoría de los actos delictivos, los cuales en su mayoría son tema de conversación cotidiana, son realizados en su mayoría según determinadas encuestas realizadas en los últimos años, por personas menores de edad. Estos, en muchos casos son señalados por gran parte de la sociedad como personas las cuales cometen un acto delictivo porque gustan de la plata fácil y además no son condenados. Pero, pocos son los que pretenden darse cuenta de que tras esos dichos y ese pensamiento, se oculta la vida que estos jóvenes han vivido. Vida en la cual estuvieron privados de muchas de las satisfacciones básicas que cualquier humano tiene derecho a tener a su alcance, vida en la cual tuvieron que ser testigos de cómo sus familias perdían lo poco que tuvieron, mientras que algunos otros, en algunos casos de manera licita y en otros de manera fraudulenta, aumentaban su patrimonio sin importarle que ellos tuvieran un plato de comida en sus mesas.
  Al haber esgrimido el hecho de que algunos aumentaban su patrimonio mientras que otros lo perdían todo, no se trata de demonizar a quien le ha ido bien, sino de poner bien en claro que es una suerte de hecho previsible que el velar tan solo por el bienestar de uno mismo sin dar vuelta la cara para ver cómo se siente otro ser humano, es algo que con el tiempo va a traer, y de hecho trajo consecuencias.
  Para seguir en la línea de nuestra temática, otra problemática se ha venido a sumar a la de la inseguridad en los últimos tiempos, y es la del aumento en el consumo de drogas. Este aumento no hizo más que agravar hoy en día el problema de la inseguridad, ya que muchos jóvenes delinquen para poder conseguir sus dosis diarias. Pero esto no termina aquí, sino que emerge una pregunta: ¿Porque estos, a pesar de saber los efectos nocivos que provocan las drogas tales como el paco, eligen consumirlas? La respuesta se hace evidente al momento en que podemos denotar que para aquellos a los cuales el sistema vacío sus esperanzas, el futuro no existe, y si existe puede llegar a ser incluso peor. Es así que para muchos la droga es una salida, un refugio del mundo que tanto los ha castigado.
  El problema de la delincuencia no ha hecho más que agravarse con esto último. Para la sociedad en términos de media es muy juzgar y apuntar con el dedo esgrimiendo “estos roban para drogarse”, pero tras eso se esconde un trasfondo compuesto de dolor, abandono y falta de esperanzas ante el rechazo de la sociedad y también la falta de ayuda por parte de esta, lo que hace que un mero estupefaciente se transforme en un modo de poder hacer más llevaderos los días escapando de la realidad.
  Para ir terminando, sería importante destacar que el fenómeno que describimos como inseguridad es una de las consecuencias que le ha tocado afrontar a nuestra nación luego de tantos años de políticas neoliberales desmantelando el país.
  La mejor manera de acabar con esto, seria en primer lugar empezar por cambiar la mirada individualista por una visión colectiva de la vida, donde el yo se convierta en un tú, donde el dolor ajeno sea visto y sentido como propio. La mirada colectiva será aquella que propicie las condiciones para que la educación, la salud, vivienda y demás necesidades básicas puedan ser satisfechas por todos.
  Pero para que se de esto, cada ciudadano deberá dar lo mejor de sí practicando el compromiso comunitario en cada acto de su vida, en lugar de ver a la gente que sufre como a la que goza de todos los bienes como islas. Todo tiene que ver con decisiones políticas y sociales, y por tanto el verdadero cambio se dará desde las raíces, velando por el bienestar de todos los hombres que componen la sociedad, despojándonos del sesgo individualista que implica el “yo tengo esto porque me lo gane trabajando”, despojándonos también de todo lo que nos quieren imponer los medios de comunicación que no hacen más que crear realidad de acuerdo con determinados intereses, y finalmente practicando la tolerancia y la sensibilidad hacia el prójimo en cada instante.
  Las palabras mencionadas anteriormente son una guía que conducen a que haya horizontes para todos y no solo para unos pocos, y que a partir del presente también se pueda pensar y soñar con seguir avanzando en la construcción de una mejor nación. De lo contrario, de no ser practicados el amor, el respeto y la tolerancia mientras que el individualismo crece, seguiremos tropezando con la misma piedra, que es lo que hacemos desde tiempo atrás y nos negamos a aceptar.

miércoles, 11 de abril de 2012

Suicidio, despersonalización e imposiciones capitalistas


Con el transcurrir de los años, un fenómeno de índole negativa ha aumentado su frecuencia dentro de nuestra sociedad. Tal fenómeno, ni más ni menos, es el fenómeno del suicidio, fenómeno para el que existen múltiples respuestas acerca de las posibles causantes que llevan a tal desenlace.
  En este caso particular, vamos a reducir un poco el número de causantes, y vamos a analizar un fenómeno tan importante como también lo son las crisis económicas, sociales y familiares para la toma de decisión suicida. Tal fenómeno es el de la despersonalización.
  El estilo de este artículo, como ustedes podrán notar a lo largo del texto, es de corte existencialista, ya que trata de lo más profundo, que es la esencia de los sujetos particulares. Y como ya habíamos dicho, nuestra perspectiva existencialista de hoy solo hará referencia al fenómeno de la despersonalización, con motivo de poder estudiarlo más exhaustivamente que si lo hiciéramos acompañado de otras posibles causantes.
  La sociedad que habitamos, está compuesta por un conjunto de personas que en cada instante nos explican y enseñan cómo es que debemos vivir. Tales individuos, ya sea mediante propagandas que invitan al consumo para poder erigirse en posición de ganadores, ya sea mediante la promoción en general de valores por los cuales una persona debe ser juzgada, prescindiendo incluso de su calidad humana, esclavizan de cierta manera en cada miembro de la sociedad. Y cuando decimos que esclavizan a cada miembro de la sociedad, hacemos referencia al hecho de que se nos quita la posibilidad de ser nosotros mismos, de ser fieles a nuestra esencia y regar la semilla de nuestra propia alma para que pueda convertirse en una flor.
  Habiendo mencionado el carácter esclavista de los modos e imposiciones de vivir y percibir la vida por parte del discurso hegemónico de aquellos que detentan el poder en nuestra sociedad capitalista, se podría considerar al hecho de adoptar estas maneras de vivir la vida e interpretar al mundo circundante que nos rodea como la primera muerte del sujeto.
  Esta primera muerte, la cual a muchos tal vez sorprenda, es aquella por la cual un determinado sujeto renuncia seguir el camino trazado por la benevolencia de su espíritu y se inclina por adoptar aquellas representaciones impuestas y elegidas por la gran media de la sociedad.
  A partir de ese momento, a partir del desenlace funesto en que el espíritu es privado de la luz que le muestra y guía por el camino conforme a su persona, es que en algunos casos emergen los periodos confusionales que podrían ser denominados como crisis existenciales. La aparición de estas crisis en la vida de cualquier sujeto acarrea problemas tales como la falta de sentido ante la vida, ese desconocimiento acerca de cuál es la función que cada quien viene a cumplir en el mundo, y además un enorme desprecio hacia el mundo que hace las veces de envoltura.
  El desprecio está relacionado con el hecho de creer cuasi-religiosamente en aquello que esboza que el mundo y la vida no son más que aquellas interpretaciones y modos de vivir que se nos han impuesto. La ignorancia ante esto, la falta de aquellos conocimientos que explican que las representaciones sociales no son más que representaciones creadas en el transcurso de la historia por la reunión de un puñado de personas, y no leyes que hayan sido bajadas de un decálogo por los dioses, es lo que genera principalmente el sentimiento de vacío y confusión que lleva a un periodo de crisis donde el sujeto se abre camino hacia el submundo de la constante depresión.
  Estando maduro el carozo que contiene a la primera muerte del sujeto, la simbólica existencial, variando según cada caso y su correspondiente, la crisis existencial puede ser una oportunidad tanto como para evolucionar espiritualmente y ver que la verdad se aloja más allá de lo evidente de las representaciones sociales que aniquilaron al sentido, o también puede ser una puerta que se abre a lo peor que podría pasarle a una persona que vino al mundo para ser feliz: la muerte.
  Como ya lo hemos mencionado, la muerte, última salida cuando la vida se convierte en una tortura sacrilegiosa para el propio espíritu, no es la decisión a la cual llegan todos. Algunos, quizá con un psiquismo más fuertemente armado y estructurado llegan a encontrar la salida por otro lado y hacen de la causa una nueva experiencia en la cual no se permiten volver a tropezar con la misma piedra.
  Las salidas a la hora de encarar esta problemática se relacionan con encontrar un sentido, quitarnos el velo que cubre nuestros ojos y poder ver más que nunca antes la verdadera realidad. Uno de los tantos medios, aparte de terapias de todos los tipos que ayuden a estabilizar la estructura psíquica, es la literatura, por la cual podemos entender en que enorme medida el mundo es constituido y sancionado por los hombres.
  Pero los libros, a pesar de que su utilidad es enormemente fructífera, no serán los únicos capaces en términos generales de acabar con estos tipos de muerte premeditada. La mejor manera de extirparla del seno de la sociedad será mediante la toma de conciencia total de la población, y la posterior rebelión que le procedería que tiene que ver con cuestionar todos los dogmatismos impuestos, y renunciar en parte a estos para poder vivir en un mundo donde la única religión y política sean la libertad acompañada del amor por la humanidad, lo que permitirá que seamos libres sin licencia para hacer el mal.
  Seguramente, si como civilización nos formáramos para alertar a nuestros projimosa que vivan su vida conforme a lo que sienten que es para ellos, si dejásemos de inculcarles la idea de que las personas se miden por los bienes materiales que tienen a sus alrededores, que la calidad humana y el éxito en la vida no se miden por la cantidad de personas interesadas que pululan a nuestro alrededor; seguramente eso contribuiría a que cada cual encuentre su camino en la vida y la desidia y la confusión existencial no toquen las puertas del alma de cada individuo, alejando también a uno de los factores suicidas.
  Para ir cerrando, es importante volver a destacar que tomar la problemática del suicidio desde el ángulo de la despersonalización es solo un aspecto reducido de hacerlo, ya que como hemos dicho, otros factores como las crisis económicas por ejemplo son muy influyentes; pero sin embargo aunque sea solo una manera reducida de interpretarlo, es también una manera de empezar a desmenuzar una problemática harto compleja y vasta, que esperemos algún día poder comprender mejor para de esa manera disminuir la frecuencia de estos actos suicidas y reparar los baches de la sociedad con algo que la haga más participativa, estudiosa y critica de todo lo que la compone.

lunes, 2 de abril de 2012

Conectados, pero no tan conectados


Si bien la globalización ha ampliado las formas de contacto en las cuales pueden incurrir las personas para comunicarse y entablar relaciones de fraternidad, hay algo atrás de este fenómeno que muy pocos pueden avistar, algo que a la inversa de los que muchos creen, en caso de excederse un cierto límite, produce un efecto contrario del que supuestamente tendría que producir.
  Como ya hemos arguyado, el fenómeno de la globalización, con todo lo que implica en cuanto a su enorme arsenal, ha colaborado para que la humanidad pueda estar más conectada y hasta a veces conectada aunque de manera aproximativa pero no del todo real con sucesos y cosas que pasan a millas de kilómetros.
  A pesar de esto, el paraíso comunicacional que la posmodernidad ha traído hacia nosotros, en realidad no hace más que taparnos los ojos con un velo ya que a la inversa de lo que se podría pensar, este no  hace más que crear un infierno en el cual la verdadera comunicación ya no existe, se ha extinguido.
  Al leer esto, muchos podrán argumentar que es un comentario bañado de la enorme estúpida insensatez el hecho de argumentar que vivimos en una época donde la comunicación no existe. Lo importante a partir de esto es interrogarnos lo siguiente: lo que en el siglo XXI llamamos comunicación, ¿es realmente comunicación? ¿Es realmente comunicación humana?
  Con el pasar del tiempo en lo que respecta al orden de productos derivados de la urbe de la tecnología, la gente ha podido comenzar a comunicarse con cualquier persona con la cual deseara a través de estos artifundios; pero sin embargo ha dejado de lado la forma más esencial de comunicación que se puede establecer entre seres humanos: “el contacto humano”, el verdadero contacto humano, ese que consiste en acortar distancias con el objetivo para estar cara a cara y compartir palabras, emociones y sentimientos que van más allá de las cyber palabras.
  La cyber comunicación, esa que la mayoría de los seres humanos utiliza y a la cual acude cuasi-adictamente, ha terminado y por más paradójico que parezca más que en el acercamiento mutuo del género humano, en el alejamiento cada vez mayor de estos. Cada día que transcurre, cada hora que pasa en el reloj de arena de las sumas deidades etercosmicas, es una hora en la que desgraciadamente nos alejamos cada vez más de la humanidad debido a que preferimos quedarnos encerrados en la comodidad de nuestros hogares en lugar de salir al verdadero mundo y enfrentar todo aquello con lo cual podemos encontrarnos en él.
  Lo que ha traído la cyber comunicación a la faz de la tierra no ha sido más que un alejamiento de la realidad social y de todas las personas que habitan en ella. Un ejemplo que ilustra esto es lo que sucede en nuestra querida Argentina, país en el cual las crisis sociales imperan desde hace ya varios años. La gran mayoría de los habitantes de este territorio geográfico, en lugar de pelear  por producir mejoras que permitan desterrar a estas crisis, en lugar de acercarse y mantener contacto cara a cara con cualquier prójimo que a su lado pueda aparecer, prefiere encerrarse y seguir siendo un ciudadano de honor en su mundo cibernético.
  El mundo cibernético, ese del cual venimos hablando, aleja a la gente en lugar de acercarla ya que es una suerte de dimensión paralela en la cual la gente se refugia para evitar la confrontación con el mundo real.
  Al encerrarnos, al enfrascarnos en el mundo alterno al que nos puede transportar la tecnología, perdemos el nexo que nos une con todo lo que sucede a nuestro alrededor y condiciona nuestras vidas. La pobreza, el hambre y la impotencia que generan estos modos de hacer lazo impregnan el manto de nuestra civilización, pero como sociedad optamos por encarcelar nuestras mentes al servicio de aquellos que quieren que caigamos en tal estado de pseudo servidumbre y pasividad.
  La tecnología, con todas sus maravillas ha terminado por deslumbrar a todos y su brillo no ha hecho más que enriquecernos. Aquellas cosas las cuales harían que la sociedad se una en favor de la justicia y
el amor, son aniquilados por ese individualismo que hace que prefiramos crear un nuevo mundo apacible en la realidad cyber paralela a la unión real con personas de carne y hueso.
  Aquellos momentos en los cuales e podría tener una conversación más profunda, que va más allá de las meras palabras robotizadas y estereotipadas, son suplantados por el chat o los mensajes de textos donde el calor de las palabras o de un abrazo no puede emerger.
  Es así, como a partir de todo esto, se puede corroborar que vivimos en el país de las maravillas que cada uno de nosotros ha optado por crearse para sí mismo. La soledad en sus distintas formas se apodera cada vez más  de nuestras vidas; lo que antes eran diálogos y cruces de palabras en un café, en un punto de encuentro común para varios individuos, hoy se ha convertido en conversaciones mediadas por aparatos que nos alejan de aquellas personas con la cual nos contactamos. Estamos realmente más solos de lo que creemos, ya que las verdaderas emociones y sentimientos incluyen miradas, gestos y demás tipo de señales que estando distanciados no podemos expresar ni percibir.
  A pesar de la crítica que venimos haciendo a aquellos aparatos destinados a facilitar el intercambio simbólico entre hombres, hay que admitir que su uso puede ser bueno como por ejemplo para poder informarnos de aquellas cosas que pasan en lugares remotos. Pero el uso de estos puede resultar pernicioso desde el preciso momento en que nos aleje del mundo verdadero, siempre y cuando no reemplace al contacto humano.
  En los casos en que este resulta reemplazado, se puede evidenciar que sucede para mal. Es tan así que, por ejemplo, muchas personas que usan redes sociales a diario parecen alejarse de la verdadera realidad social y concentrarse completamente en la realidad que esta les ofrece. Resultado de esto es que sus vidas pasan por ver fotos ajenas con diferentes propósitos tales como la curiosidad o la crítica, o también por convertirse en fieles súbditos de aquellos que publican sus productos en estas redes sociales; y todo esto como si la verdadera vida se tratase de esto.
  Detrás de la alucinación venida con el país de las maravillas, en la vida real, se oculta otro mundo que no es el que la cyber globalización nos ofrece. Atrás de toda esa fantasía creada por gente con serias intenciones de alejarnos de la realidad verdadera, se encuentra el mundo real con todas las miserias que se alojan en el como principales características, ya sea la enorme soledad y dolor que siente aquel indigente al cual la vida le ha jugado una mala pasada,, el hambre y la droga que hacen de muchos jóvenes almas perdidas, y demás cosas de esta índole.
  Hasta que el hombre no se plantee que es la comunicación, seguirá creyendo que está conectado con el mundo, lo cual no es más que una mera alucinación ya que contrariamente se desconecta más.
  Aquello que creemos que nos conecta íntimamente con los seres que conforman la sociedad, en realidad nos aleja más a causa de que el dolor y la angustia cotidiana no se expresan solo por palabras, sino que también lo hacen en una mirada, en un gesto o en una lagrima: Todas estas, cosas de las cuales no nos damos cuenta parece.
  Parar ir terminando con este segmento de la historia cotidiana, digno de mencionar es que la comunicación engendrada por la globalización nunca será mala siempre y cuando no reemplace totalmente a la humana. El contacto humano debe ser la principal de las conexiones con el mundo.
  Muchos somos los ingenuos creyentes de que al estar conectados desde el principio hasta el final del día con un celular o una computadora, nos estamos conectando e interactuando con el mundo, cuando en realidad nos estamos distanciando refugiándonos en un mundo creado por aquellos que ocupan posiciones altas en la pirámide social y quieren alejarnos de la verdadera realidad social.
  La verdadera realidad de la cual venimos hablando no se puede aprehender por intermedio de ningún gadget. Esto solo se puede aprehender mediante el acercamiento físico entre distintas personas, en la audición de sus palabras, en el cruce de miradas o en la mera visión de una lagrima que se escapa de las pupilas.
  El verdadero contacto, ese que una al género humano para la futura realización de cosas buenas e importantes, no será aquel que expulse a sus miembros a las tinieblas oscuras de la soledad que le ofrecen sus lugares materiales. El auténtico modo de comunicarse, el que revolucione las relaciones sociales será aquel que ponga cara a cara a la gente, para que de esta manera podamos percibir que es lo que sucede realmente en nuestra realidad y de esta manera escapar a la visión de la realidad que quieren imponernos; y además poder transformar la cruel realidad que nos toca habitar.
  Por tanto, el día que los hombres se unan será aquel en que el contacto sea humano y no meramente cibernético. La reunión entre distintos seres en un espacio material como lo es el mundo real no traerá la solución inmediatamente, ya que esto implicaría etapas de evolución que van desde la eliminación de los prejuicios hasta la tolerancia total, pero seguramente será el motor para edificar un espacio mejor.