La
actualidad nos hace testigos de hechos que amenazan de alguna manera u otra la
integridad de la sociedad en su conjunto, pero que pocos se atreven a
cuestionar en profundidad, profundidad que les permitiría llegar a resolver el
acertijo que se oculta en las profundidades de los mares del desconocimiento.
El fenómeno de la inseguridad, una temática
que hoy ocupa en gran medida la vida de los argentinos, fenómeno que ha
aumentado con el pasar de los años, es un tema del que muchos opinan y hablan
como si se tratara de algo que no encaja en los moldes de un paraíso celestial
que nosotros, seres de bien, habitamos.
Las graves situaciones de crisis que se
dieron en los últimos años en nuestro país, acarrearon una enorme cantidad de
problemas vinculados con la emergencia de personas, que siendo las que más
pagaron las consecuencias de estas, quedaron posicionadas en una situación de
extrema vulnerabilidad social.
Estar en situación de vulnerabilidad social
implica no poder satisfacer necesidades tan básicas tales como como lo son el
derecho a la educación, el derecho a tener todos los días un plato de comida en
la mesa, el libre acceso a una vivienda digna, y demás cosas que conforman el
grupo de las necesidades tales como el derecho a acceder a los servicios de
salud.
A partir de que muchas familias se hayan
visto envueltas en una situación tal que no podían satisfacer sus necesidades
básicas, con la impotencia que conlleva el hecho de no poder mandar a sus hijos
a estudiar por falta de dinero, con lo cual estos terminan trabajando y no
estudiando como sucede en muchos casos; es como comenzaron gran parte de los
problemas que hoy conocemos y etiquetamos con el rotulo de inseguridad, y que
muy pocos parecen querer analizar hasta lo más profundo de sus entrañas.
El hecho de estar por fuera del sistema, para
muchas familias significo estar por fuera de la vida, consumiéndose en la
impotencia de no poder vivir dignamente mientras los medios de comunicación le
mostraban una vida que nunca iban a poder tener. Es por esos momentos donde la
impotencia se apodero por completo de algunos, y las esperanzas de tener una
vida mejor abandonaron las huestes de sus vidas.
Cuando las esperanzas se esfuman, cuando no
hay ningún sol, ningún renacer en el horizonte que indique que hay algo mejor
por venir, es ahí donde aquello que muchos hablan desconociendo gran parte de
la problemática y reza “para estos la vida no tiene ningun sentido”, cobra
algún sentido.
Una pregunta un tanto para anda retorica
emerge: ¿Qué sentido puede tener la vida para una persona a la cual,
literalmente, la vida lo ha escupido en la cara? Esta es una pregunta que en el
fondo suponemos que muchos deben saber responder, pero quizás por cuestiones de
comodidad y por riesgo a que se caigan los anillos que decoran a sus manos en
cuyas venas corre sangre real, no se atreven siquiera a formularse.
Cabe destacar también, como ya hemos querido
hacerlo de manera implícita, que la pobreza no es sinónimo de criminalidad.
Esbozar esto sería criminalizar a la
pobreza, cosa que no pocos que quieren dar una opinión sobre esta problemática
terminan haciendo. Hay que hacer incapie en el hecho de que estar inmerso en
una situación de extrema vulnerabilidad social influye de alguna manera en la
problemática de la inseguridad sobre la cual venimos hablando, pero no
determina de ninguna manera.
La gran mayoría de los actos delictivos, los
cuales en su mayoría son tema de conversación cotidiana, son realizados en su
mayoría según determinadas encuestas realizadas en los últimos años, por
personas menores de edad. Estos, en muchos casos son señalados por gran parte
de la sociedad como personas las cuales cometen un acto delictivo porque gustan
de la plata fácil y además no son condenados. Pero, pocos son los que pretenden
darse cuenta de que tras esos dichos y ese pensamiento, se oculta la vida que
estos jóvenes han vivido. Vida en la cual estuvieron privados de muchas de las
satisfacciones básicas que cualquier humano tiene derecho a tener a su alcance,
vida en la cual tuvieron que ser testigos de cómo sus familias perdían lo poco
que tuvieron, mientras que algunos otros, en algunos casos de manera licita y
en otros de manera fraudulenta, aumentaban su patrimonio sin importarle que
ellos tuvieran un plato de comida en sus mesas.
Al haber esgrimido el hecho de que algunos
aumentaban su patrimonio mientras que otros lo perdían todo, no se trata de
demonizar a quien le ha ido bien, sino de poner bien en claro que es una suerte
de hecho previsible que el velar tan solo por el bienestar de uno mismo sin dar
vuelta la cara para ver cómo se siente otro ser humano, es algo que con el
tiempo va a traer, y de hecho trajo consecuencias.
Para seguir en la línea de nuestra temática,
otra problemática se ha venido a sumar a la de la inseguridad en los últimos tiempos,
y es la del aumento en el consumo de drogas. Este aumento no hizo más que
agravar hoy en día el problema de la inseguridad, ya que muchos jóvenes delinquen
para poder conseguir sus dosis diarias. Pero esto no termina aquí, sino que
emerge una pregunta: ¿Porque estos, a pesar de saber los efectos nocivos que
provocan las drogas tales como el paco, eligen consumirlas? La respuesta se
hace evidente al momento en que podemos denotar que para aquellos a los cuales
el sistema vacío sus esperanzas, el futuro no existe, y si existe puede llegar
a ser incluso peor. Es así que para muchos la droga es una salida, un refugio
del mundo que tanto los ha castigado.
El problema de la delincuencia no ha hecho más
que agravarse con esto último. Para la sociedad en términos de media es muy
juzgar y apuntar con el dedo esgrimiendo “estos roban para drogarse”, pero tras
eso se esconde un trasfondo compuesto de dolor, abandono y falta de esperanzas
ante el rechazo de la sociedad y también la falta de ayuda por parte de esta,
lo que hace que un mero estupefaciente se transforme en un modo de poder hacer más
llevaderos los días escapando de la realidad.
Para ir terminando, sería importante destacar
que el fenómeno que describimos como inseguridad es una de las consecuencias
que le ha tocado afrontar a nuestra nación luego de tantos años de políticas neoliberales
desmantelando el país.
La mejor manera de acabar con esto, seria en
primer lugar empezar por cambiar la mirada individualista por una visión colectiva
de la vida, donde el yo se convierta en un tú, donde el dolor ajeno sea visto y
sentido como propio. La mirada colectiva será aquella que propicie las
condiciones para que la educación, la salud, vivienda y demás necesidades básicas
puedan ser satisfechas por todos.
Pero para que se de esto, cada ciudadano deberá
dar lo mejor de sí practicando el compromiso comunitario en cada acto de su
vida, en lugar de ver a la gente que sufre como a la que goza de todos los
bienes como islas. Todo tiene que ver con decisiones políticas y sociales, y
por tanto el verdadero cambio se dará desde las raíces, velando por el
bienestar de todos los hombres que componen la sociedad, despojándonos del
sesgo individualista que implica el “yo tengo esto porque me lo gane trabajando”,
despojándonos también de todo lo que nos quieren imponer los medios de comunicación
que no hacen más que crear realidad de acuerdo con determinados intereses, y
finalmente practicando la tolerancia y la sensibilidad hacia el prójimo en cada
instante.
Las palabras mencionadas anteriormente son
una guía que conducen a que haya horizontes para todos y no solo para unos
pocos, y que a partir del presente también se pueda pensar y soñar con seguir
avanzando en la construcción de una mejor nación. De lo contrario, de no ser practicados
el amor, el respeto y la tolerancia mientras que el individualismo crece,
seguiremos tropezando con la misma piedra, que es lo que hacemos desde tiempo atrás
y nos negamos a aceptar.