En nuestra Argentina de hoy, madre de los nacimientos de cada una de las personas que tuvimos la suerte de haber sido concebidos aquí, se han hecho moneda corriente las desgracias que ya se podrían calificar de cotidianas. Estas desgracias a las cuales nos referimos son de tipología variada, pero tienen como característica común el hecho de producir algún daño a las personas que se ven implicadas en ellas tanto directa como indirectamente.
Como todos bien saben, en nuestro gran país tomamos una gran cantidad de calamidades como cosas comunes; lo que implicaría poner en tela de juicio a que cosas convendría catalogar como normales y a cuales no.
Vivimos en un planeta, y presten atención que ahora no dije país, en la cual la vida humanan pareciera que la vida humana no tiene ningún valor. Esto se puede evidenciar claramente por el hecho de que es cosa de todos los días ver postales tan tétricas y tristes en la vía publica tales como gente que duerme en la calle por el hecho de no poseer una vivienda y tampoco un trabajo, jóvenes que mueren cada vez en mayor medida por los estragos que las drogas baratas hacen a sus organismos, gente que por conseguir tal veneno letal mata a otro ser humano; y demás casos de esta clase que no hacen mas que confirmar la hipótesis de que vivimos en un mundo cada vez mas deshumanizado, menos consciente de sus actos conforme pasa el tiempo.
Habiendo mencionado todos los malestares que acosan a nuestras sociedades, es importante preguntarse como es que colaboramos todos y cada uno de nosotros en el rol que nos compete como protagonistas de esta novela dramática, para desterrar este infierno de la faz de la tierra y abrirle las puertas al paso de una nueva era que contribuya a la evolución del genero humano.
En relación con lo anteriormente esbozado, la respuesta que mas se ajusta a la realidad seria que hoy en día es muy poco lo que estamos haciendo colectivamente para poder paliar todo el aire inmundo que nos engloba y miserabiliza nuestras vidas momento a momento. Como una típica sociedad capitalista, en la cual lo único primordial y divino parece ser el éxito económico individual/personal, estamos demasiados creídos en el hecho de que el dinero es lo único importante para nuestras vidas, y que hacer plata, acumular montañas, cerros y montes de dinero es para lo que venimos de alguna manera a este mundo.
Ahora bien, y a pesar de haber esgrimido que estamos insertos en el manto de una sociedad sumamente egoísta donde el éxito supra celestial se corresponde con acumular montañas de dinero, hay algo que podría hacernos correr de esta perspectiva con la cual nos abrimos camino. Gracias a la existencia de las redes sociales, de aquella ventana del mundo que es uno de los tantos seudónimos con los cuales podríamos remitirnos a la internet, podemos vislumbrar la existencia de unos ciertos vestigios de conciencia social en la gente que a ella acude para pasar el tiempo. Con esto, a lo que puntualmente quiero arribar que referirme al hecho de que gran cantidad de personas que frecuentan este medio para conectarse con otros cibernautas, no tienen ningún tipo de impedimento personal ni de ninguna otra índole para opinar sobre algún hecho desgraciado que haya ocurrido.
Y todo esto no solo ocurre con la gente que habitualmente esta conectada a internet, sino que la gran mayoría de las personas, al momento de que algún infortunio emerge casi esporádicamente como Atenas de la cabeza de Zeus, opina sobre este y así es como llega culpar por estos acontecimientos a una cierta cantidad de personas que han ocupado y ocupan cargos importantes haciéndose cargos de las riendas que movilizaran a nuestro mundo en una determinada dirección o en otra.
Pero, de algún modo u otro no puede no puede negársele el paso a una pregunta que emerge espontáneamente de la psique del escritor que escribe este articulo: ¿No seria esto lavarse un poco las manos, recurrir gustosamente al gesto pilatico de lavarse las manos? Cuando recurro al gesto pilatico, no lo hago para referirme o para indicar meramente que esta mal o es una hipocresía que la mayoría de los sujetos que son partes del todo comunitario opinen dando su punto de vista ante el resurgir de un acontecimiento de tinte nefasto, sino que se `podría considerar como una hipocresía el hecho de que solo se responsabilice a los gobernante, vistos como los únicos entes encargados de “hacer andar” al estado.
Es muestra de una total hipocresía, de una total falta de compromiso y responsabilidad social cargar con la culpa solo a una pequeña minoría gubernamental de las malicias que nos azotan, cuando una nación, provincia, ciudad o lo que corno sea no esta compuesta solo por estos, sino que además esta habitado/a por miles o millones de personas mas.
Habiendo hecho este pequeño desarrollo, el punto capital al que debemos poder arribar después de haber atravesado etapas que anteceden, es aquel en el cual se plantea que el verdadero cambio a nivel de lo social y/o comunitario no va a depender solo de “elegir bien” a un par de individuos que nos representen a cada uno de los votantes, sino de que cada ciudadano este plenamente comprometido con el cambio social y como tal actué en pos de favorecerlo, de hacerlo surgir tal como una bella flor hace su aparición después de haber plantado la semilla.
Desgraciadamente para el genero humano, nada se ha hecho tan ordinario y común como el hecho de hablar demasiado sin siquiera poder plasmar un mínimo porcentaje de lo dicho al momento de hacer uso del aparato parlante.
Es así que al suceder, al toparnos con algo que no es de nuestro agrado, ardemos en quejas y reproches, pero saliendo de eso no realizamos nada para cambiarlo. E incluso no es para nada raro que nos contradigamos un poco.
De esta manera es como puede explicarse que al haber algún accidente de transito, todos digamos sentirnos angustiados y profundamente conmovidos por la tragedia, y aseveremos que el estado debe encargarse de brindar mas controles y seguridad en las calles. Pero sin embargo, y solo habiendo pasado un instante de todo esto, también sucede muy comúnmente el hecho de que festejemos las hazañas de algún pobre insolente que acelera su auto cual si estuviese en un autódromo.
Por tanto, podríamos preguntarnos, ¿Qué es esto? ¿A que punto hemos llegado? Llegamos a un punto donde la coherencia ha sido extirpada, a un punto que bien podría calificarse de dividido en el sentido de que como ciudadanos, no solo es que estamos acostumbrados a quejarnos y a poner poco en practica aquello que aseveramos pensar, sino que también nos contradecimos.
¿A dónde vamos a ir a para como sociedad si no nos concientizamos de que nuestros actos repercuten sobre el toal de la población? Pareciera que no nos damos cuenta de que todas nuestras actividades pueden ser revolucionarias o perjudícales. Al parecer, nadie se da cuenta de que sus acciones, dichos y hechos pueden ser decisivas para la construcción de un nuevo orden social. Por tanto, es muy importante poder actuar a conciencia, sin contradecirse con aquello que uno dice pensar y representa al mundo de los ideales, y además poder razonar sobre el hecho de que una pocas personas no son las únicas que ostentan la capacidad de guiar por una senda determinada a la sociedad, sino que a esa capacidad la tenemos todos en el sentido de que nos lo propongamos.
Un par de ejemplos que pueden citarse a para iluminar lo que venimos pueden ser los que siguen a continuación. Para el caso de que decimos tener una cierta conciencia comprometida socialmente pero a su vez actuamos de manera totalmente contraria a ella, se pueden citar aquellos momentos en los cuales ocurre algún hecho relacionado con la violencia en cualquiera de sus formas todos lo repudiamos, pero sin embargo al momento de que hay cualquier tipo de riña, lo apreciamos como un acontecimiento el cual nos produce cierto monto de gozo. Toda una contradicción con letras mayúsculas. Y ahora, para el caso en que los verdaderos cambios no ocurren solo gracias a la acción de ciertas personas iluminadas, sino que también gracias a un montón de otras personas que están con la mayor de las predisposiciones para poner el pecho ante cualquier emergencia cotidiana, podríamos citar el caso de una profesora que trata de instruir a sus alumnos en un área del conocimiento determinado, sin que estos pongan atención y muestren voluntad e interés para aprender. Conforme a esta suposición, es demasiado evidente de que a pesar de todos los esfuerzos que realice la persona encargada de instruir a los alumnos, estos no aprenderán, ya que el esfuerzo debe concentrarse en el rol que a cada uno le toca ocupar, y si alguno de estos no es ocupado de manera correcta es harto probable que se produzca una deficiencia en el todo que afecta como no podría ser de otro modo al conjunto.
Muchos ruidos…pocas nueces, es como hemos dado en llamar a este articulo, un nombre casi ideal para describir lo que me parece esta a la vista de todos. Mucho ruido…pocas nueces, para demostrar como en el momento de exponer todo lo que es del orden de la conciencia social de cada uno de nosotros, osamos lavarnos las manos y cargar con la mochila de la culpa a otras personas, como si nuestras acciones no pudieron transformar en mayor o menor medida a la realidad. Esta es la manera mas cómoda de sacarnos los problemas de encima y trasladar hacia otros sujetos que por su rol seria los únicos encargados de modificar todo aquello que esta mal.
Mucho ruido…pocas nueces, también para exponer a aquel acontecimiento por el cual decimos sentir y vivir conforme a unos determinados tipos de ideales, pero en cuanto nos vemos en una situación que podría ser una puesta a prueba para todo lo que decimos sentir actuamos de otra manera. Nunca mejor ejemplo para demostrar esto que lo mencionado con respecto a la supuesta condena publica a la violencia cuando en realidad se la venera y coloca en un altar.
Finalmente, para ir poniéndole un broche a esta articulo, me gustaría dejar bien en claro que para cambiar el mundo (el cual es mi principal objetivo al escribir) debemos ser primeramente capaces de cambiar nosotros. Debemos poder ser capaces de dejar de lavarnos las manos y de poner estas mismas manos a la obra; no cargar a unos pocos con los problemas que nos conciernen a unos muchos. También es harto importante empezar a ser sinceros con nosotros mismos, dejar de contradecirnos en el sentido de enunciar una cosa por medio del habla para luego demostrar otra.
Aquellos bienaventurados que quieran habitar un espacio mejor, serán los que asuman las responsabilidades de sus actos, se conozcan lo suficientemente bien para no caer en una contradicción cualquiera y además también puedan ser capaces de reaccionar ante cualquier injusticia sin anteriormente hacerlo mediante el vuelco total de las responsabilidades a una figura mayor del estado, sino actuando con sus propias armas que al igual que las de todos tienen impacto en el medio social.
Por lo tanto, y ahora si para terminar, la verdadera conciencia social es aquella que no duda en cuanto a sus actos, es aquella que no nace y perece en la palabra, sino que nace en la palabra para vivir y si es necesario morir en la realidad concreta de los hechos. Tambien es aquella que no se contradice en lo tocante a pensamiento y acto, y aquella que deja de lado el individualismo para comprender que las desgracias ajenas son también suyas y que por lo tanto es importante actuar por cuenta propia para de ese modo a la larga poder construir un héroe que ya no sea solo un líder político o cualquier persona de este calibre, sino un héroe hecho por la fusión de múltiples capacidades de cada ser humano, que con su sola buena intención puede hacer de la existencia un pasar mejor.
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