lunes, 26 de marzo de 2012

El verdadero amor por la humanidad


A lo largo de la historia, fueron muchas las personas o grupo de personas que intentaron crear y luchar por la edificación de un mejor lugar en el cual vivir. Todo esto venia de la mano del supuesto amor por la humanidad que estas personas decían sentir en lo más hondo de sus corazones.
  Sin embargo, y por mucho que a algunos les pese, se podría esbozar con todas las pruebas que la historia de la humanidad  puede ofrecernos, que muchas de las personas que decían sentir en lo más profundo de sus almas un inmenso amor por la humanidad en la totalidad de sus formas, más bien eran propietarios de un amor que los vinculaba únicamente a ellos mismos.
  Con esto que acabamos de mencionar anteriormente, referente al amor que muchos sujetos  dicen sentir por la humanidad en toda su enorme inmensidad cuando en realidad lo único que aman es a si mismos; un claro ejemplo de esto ha sido la existencia de distintos partidos políticos, y más ampliamente ideologías de cualquier otra índole que se han dedicado a defender los intereses de aquellos con los cuales pueden corresponderse en tanto comparten un sistema de creencias o ideales.
  A pesar de que han sido múltiples los casos de grupos que se han dedicado a defender los intereses de aquellos con los cuales pueden verse reflejados a manera de espejos, en este caso que nos compete y entorna creo que sería preciso quedarse con uno solo de estos grupos; y para esto pasaremos a esbozar todas las opiniones concernientes a este tema en relación con la existencia de distintos partidos políticos.
  Habiendo pasado los años, y habiéndome percatado de que el discurso cotidiano que manipula a cada persona a manera de un titiritero es la clave más prominente y segura para rebelar cuales son las verdaderas causas por las cuales las cosas “no andan en el mundo”, pude percibir que las distintas organizaciones políticas no eran la excepción y que ellas no eran imposibles de analizar mediante este método de desciframiento del discurso cotidiano. Habiendo volcado este método sobre las aras que guían a estas organizaciones pude aprehender que el motor que hace las veces de propulsor de energía a la hora de querer imponer una visión del mundo es ni más ni menos que el amor propio, el amor hacia uno mismo y hacia todos aquellos que de alguna manera se asemejan a estos mismos.
  Es asi, que un partido político de orientación izquierdista clásico, solo orientara su discurso hacia aquellos a quienes creen dignos de heredar la tierra, como también lo haría un partido derechista partidario de políticas neoliberales.
  Viendo las cosas de esta manera, podría decirse que no existen diferencias entre las distintas orientaciones políticas; diferencias que solo residen en el exterior de la cubierta para asentarse de manera completa en el interior, en la esencia de lo que compone su verdadera alma y motivo de existencia.
  Vista las cosas así, convendría decir que el amor de índole narcisista que compone a estas distintas cosmovisiones del mundo y las hace ir en busca de aquello que solo beneficie a ellas mismas y por extensión a los semejantes que se le parecen, no podría llamarse amor en el pleno sentido de la palabra.
  Muchas personas que con el pasar de los tiempos han dicho hacer cosas en favor del bien común de cualquier ser humano han sido seres que nunca han inspeccionado en sus interiores más recónditos para ver de que se trataba ese sentimiento bondadoso. En el caso de que lo hubieran hecho, seguramente podrían haberse dado cuenta de que el amor que decían sentir no era ni tan grande ni tan bondadoso como solian pensar, sino que solo era un sentimiento mezquino que no se extendia lo sufcientemente por sobre el seno de la totalidad del universo, sino que solamente lo hacia sobre aquellos en los cuales podía verse reflejado el ego de su narcisismo.
  El verdadero amor, el verdadero sentimiento de solidaridad que busca siempre el bienestar de la humanidad, no es aquel que está sujeto a condiciones, ese que asevera que una persona debe vivir conforme a un estilo de vida para de esa manera ser abrazados por aquellos que lo llevan a cabo. El amor verdadero por la humanidad, por la sociedad, es aquel que abraza a la totalidad de la población sin importar su status económico, político, social o creencial concerniente a un sistema de pensamiento religioso.
  Para seguir en la línea que nos propusimos respetar, las distintas ideologías políticas solo podrán hablar de amor por la humanidad en el momento en que se inspeccionen rigurosamente en lo que atañe a la composición de su discurso, y reflexionar sobre el hecho de que la esencia de estos son ni más ni menos que el amor propio y por el espejo en el cual pueden verse reflejados.
  Entretanto nadie se tome el trabajo de hacer este pequeño ejercicio, ningún tipo de gobierno o autoridad que represente “al pueblo” lo hará en su totalidad, sino que lo hará solo con una pequeña parte de este, más precisamente con aquellos que estén parados sobre el mismo lado de la vereda para de ese modo dejar en la desidia del olvido  lo que compete a los derechos de los otros ciudadanos que no comparten un mismo sistema de representaciones sociales.
  El hecho de que el eros(amor) solo sea algo que no se extienda más allá de la persona de uno mismo para volcarse en el respeto y la tolerancia por los derechos en intereses de personas partidarias de opiniones distintas, es causa de un fenómeno que podría ser considerado la mayor peste que haya pisado la atmosfera terrestre. Tal peste de la cual hablamos es el fenómeno del autoritarismo, peste en el sentido de que ha causado más muertes que cualquier otra cosa sobre la faz de la tierra.
  El fenómeno del autoritarismo es aquel que se relaciona con el hecho de que una persona tiene que ser partidaria del mismo sistema de representaciones sociales para no ser víctima de abusos y ataques contra su integridad. Esta, como todas sus vertientes en la inmensa e infinita variedad de sus formas, no es más que una muestra del peligrosísimo amor que puede mutar en odio en una centésima de segundo. No es el amor que a todas las cosas como criaturas igualmente divinas que a pesar de sus diferentes formas tiene el mismo derecho a ser queridos y respetados por igual, sino que es ese amor propio de carácter narcisista que no cuida más que de si mismo y de aquellos en quienes pueda encontrar una suerte de identificación.
  Si bien un poco de amor propio no está mal ya que tal amor es aquel que hace que caminemos por nuestras vidas orgullosos de quienes somos, en el caso de que nuestra personalidad solo se sustente en base a este correremos grave peligro tanto como nosotros como cualquier persona cercana que se caracterice por la vida de una manera diferente. El solo sustentarse con el Eros que no ve más allá de sus propios ojos, lo único que provocara son conflictos en cualquiera de sus formas; sea esto como rechazo, hostilidad física o simbólica, etcétera.
  El hecho de desbordarse en amor propio, el hecho de que en nuestro caso los distintos partidos políticos se embriaguen en este, hará que la totalidad del género humano sea llevado a la perdición. Un ejemplo que puede alumbrar esto se dio el 24 de mayo del año 1976 en la República Argentina, cuando un grupo de militares tomo el poder con el solo designio de la reorganización social. Por culpa de estos individuos, que quisieron imponer un estilo de vida como el único correcto para ser llevado a cabo, nuestro país vivió uno de sus peores momentos históricos, comparable con otros procesos de este tipo ocurridos en el mismo siglo XX en Europa.
  Después de haber recorrido un cierto camino, se puede esgrimir con total acierto que se está en condiciones de concluir con este mini ensayo. Dentro de este, hablamos de la diferencia entre el verdadero amor por la humanidad y el ilusorio amor por la misma que no es ni ha sido a lo largo de los siglos más que mero amor propio que no paso de eso. Al primero lo definimos como el camino que conduce a la bondad, a la solidaridad y al respeto por la totalidad el género humano, pese a las diferencias que puedan existir entre cada uno de ellos a la hora de exponer una visión del mundo.
Al segundo lo calificamos como aquel que hasta ahora ha sido el más frecuentado por la gran cantidad de ideologías existentes, y en nuestro caso particular, las distintas ideologías políticas.
  El segundo tipo de Eros que mencionamos puede convertirse en algo muy peligroso si no es conservado dentro de sus límites, ya que puede ser el camino a tomar que culmine en lo que llamamos “gobernar para aquellos en quienes podemos vernos reflejados”, y por consiguiente en el autoritarismo.
  Por lo tanto, mirando hacia un costado para ver de qué tipo es el mundo que nos rodea, me animaría a esbozar que el amor en gran medida cubre a la inmensidad es aquel que tiene que ver con no salirse más allá de lo que compete a la propia personalidad de cada uno, ese mismo amor que si no le son impuestos limites puede ser peligroso; lo cual conlleva al hecho de que en la biografía de la humanidad y en su actual situación, aquellos portadores de ideologías están más inmersos y empapados del amor más bajo y terrenal que del amor más elevado que seguramente elevaría al género humano unos cuantos escalones más arriba.
  El verdadero amanecer de la humanidad; ese que pueda acabar con el hambre, la soledad, el odio y demás subpestes derivadas de la peste mayor, solo advendrá en el momento en que el hombre deje de lado sus intereses propios y los de aquellos que se le asemejen, para que de esa manera estos intereses sean reemplazados por aquellos por los intereses y necesidades de todos. Cuando los intereses sean los intereses de todos así sucesivamente, cuando la tolerancia, el amor y el respeto reemplacen al odio y al rechazo, seguramente podremos acabar con todas las subpestes mencionadas anteriormente. Y puesto que de esta manera nadie podrá dañar a nadie ya que sería como auto mutilarse a si mismo, estaría perfectamente bien decir que uno seria para todos y todos para uno, y que por tanto la injusticia y la intolerancia no tendrían ningún tipo de cabida en un mundo donde la igualdad predomina por encima de cualquier diferencia; la igualdad que nos demuestra que a pesar de las diferencias en el fondo somos todos seres humanos.

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