A lo largo de la historia, fueron muchas las personas o
grupo de personas que intentaron crear y luchar por la edificación de un mejor
lugar en el cual vivir. Todo esto venia de la mano del supuesto amor por la
humanidad que estas personas decían sentir en lo más hondo de sus corazones.
Sin embargo, y
por mucho que a algunos les pese, se podría esbozar con todas las pruebas que
la historia de la humanidad puede
ofrecernos, que muchas de las personas que decían sentir en lo más profundo de
sus almas un inmenso amor por la humanidad en la totalidad de sus formas, más
bien eran propietarios de un amor que los vinculaba únicamente a ellos mismos.
Con esto que
acabamos de mencionar anteriormente, referente al amor que muchos sujetos dicen sentir por la humanidad en toda su
enorme inmensidad cuando en realidad lo único que aman es a si mismos; un claro
ejemplo de esto ha sido la existencia de distintos partidos políticos, y más
ampliamente ideologías de cualquier otra índole que se han dedicado a defender
los intereses de aquellos con los cuales pueden corresponderse en tanto
comparten un sistema de creencias o ideales.
A pesar de que
han sido múltiples los casos de grupos que se han dedicado a defender los
intereses de aquellos con los cuales pueden verse reflejados a manera de
espejos, en este caso que nos compete y entorna creo que sería preciso quedarse
con uno solo de estos grupos; y para esto pasaremos a esbozar todas las
opiniones concernientes a este tema en relación con la existencia de distintos
partidos políticos.
Habiendo pasado
los años, y habiéndome percatado de que el discurso cotidiano que manipula a
cada persona a manera de un titiritero es la clave más prominente y segura para
rebelar cuales son las verdaderas causas por las cuales las cosas “no andan en
el mundo”, pude percibir que las distintas organizaciones políticas no eran la excepción
y que ellas no eran imposibles de analizar mediante este método de
desciframiento del discurso cotidiano. Habiendo volcado este método sobre las
aras que guían a estas organizaciones pude aprehender que el motor que hace las
veces de propulsor de energía a la hora de querer imponer una visión del mundo
es ni más ni menos que el amor propio, el amor hacia uno mismo y hacia todos
aquellos que de alguna manera se asemejan a estos mismos.
Es asi, que un
partido político de orientación izquierdista clásico, solo orientara su
discurso hacia aquellos a quienes creen dignos de heredar la tierra, como también
lo haría un partido derechista partidario de políticas neoliberales.
Viendo las cosas
de esta manera, podría decirse que no existen diferencias entre las distintas
orientaciones políticas; diferencias que solo residen en el exterior de la
cubierta para asentarse de manera completa en el interior, en la esencia de lo
que compone su verdadera alma y motivo de existencia.
Vista las cosas así,
convendría decir que el amor de índole narcisista que compone a estas distintas
cosmovisiones del mundo y las hace ir en busca de aquello que solo beneficie a
ellas mismas y por extensión a los semejantes que se le parecen, no podría llamarse
amor en el pleno sentido de la palabra.
Muchas personas
que con el pasar de los tiempos han dicho hacer cosas en favor del bien común de
cualquier ser humano han sido seres que nunca han inspeccionado en sus
interiores más recónditos para ver de que se trataba ese sentimiento bondadoso.
En el caso de que lo hubieran hecho, seguramente podrían haberse dado cuenta de
que el amor que decían sentir no era ni tan grande ni tan bondadoso como solian
pensar, sino que solo era un sentimiento mezquino que no se extendia lo
sufcientemente por sobre el seno de la totalidad del universo, sino que
solamente lo hacia sobre aquellos en los cuales podía verse reflejado el ego de
su narcisismo.
El verdadero
amor, el verdadero sentimiento de solidaridad que busca siempre el bienestar de
la humanidad, no es aquel que está sujeto a condiciones, ese que asevera que
una persona debe vivir conforme a un estilo de vida para de esa manera ser
abrazados por aquellos que lo llevan a cabo. El amor verdadero por la
humanidad, por la sociedad, es aquel que abraza a la totalidad de la población sin
importar su status económico, político, social o creencial concerniente a un sistema
de pensamiento religioso.
Para seguir en la
línea que nos propusimos respetar, las distintas ideologías políticas solo podrán
hablar de amor por la humanidad en el momento en que se inspeccionen
rigurosamente en lo que atañe a la composición de su discurso, y reflexionar
sobre el hecho de que la esencia de estos son ni más ni menos que el amor
propio y por el espejo en el cual pueden verse reflejados.
Entretanto nadie
se tome el trabajo de hacer este pequeño ejercicio, ningún tipo de gobierno o
autoridad que represente “al pueblo” lo hará en su totalidad, sino que lo hará
solo con una pequeña parte de este, más precisamente con aquellos que estén parados
sobre el mismo lado de la vereda para de ese modo dejar en la desidia del
olvido lo que compete a los derechos de
los otros ciudadanos que no comparten un mismo sistema de representaciones
sociales.
El hecho de que
el eros(amor) solo sea algo que no se extienda más allá de la persona de uno
mismo para volcarse en el respeto y la tolerancia por los derechos en intereses
de personas partidarias de opiniones distintas, es causa de un fenómeno que podría
ser considerado la mayor peste que haya pisado la atmosfera terrestre. Tal
peste de la cual hablamos es el fenómeno del autoritarismo, peste en el sentido
de que ha causado más muertes que cualquier otra cosa sobre la faz de la
tierra.
El fenómeno del
autoritarismo es aquel que se relaciona con el hecho de que una persona tiene
que ser partidaria del mismo sistema de representaciones sociales para no ser víctima
de abusos y ataques contra su integridad. Esta, como todas sus vertientes en la
inmensa e infinita variedad de sus formas, no es más que una muestra del peligrosísimo
amor que puede mutar en odio en una centésima de segundo. No es el amor que a
todas las cosas como criaturas igualmente divinas que a pesar de sus diferentes
formas tiene el mismo derecho a ser queridos y respetados por igual, sino que
es ese amor propio de carácter narcisista que no cuida más que de si mismo y de
aquellos en quienes pueda encontrar una suerte de identificación.
Si bien un poco
de amor propio no está mal ya que tal amor es aquel que hace que caminemos por
nuestras vidas orgullosos de quienes somos, en el caso de que nuestra
personalidad solo se sustente en base a este correremos grave peligro tanto
como nosotros como cualquier persona cercana que se caracterice por la vida de
una manera diferente. El solo sustentarse con el Eros que no ve más allá de sus
propios ojos, lo único que provocara son conflictos en cualquiera de sus
formas; sea esto como rechazo, hostilidad física o simbólica, etcétera.
El hecho de
desbordarse en amor propio, el hecho de que en nuestro caso los distintos
partidos políticos se embriaguen en este, hará que la totalidad del género
humano sea llevado a la perdición. Un ejemplo que puede alumbrar esto se dio el
24 de mayo del año 1976 en la República Argentina, cuando un grupo de militares
tomo el poder con el solo designio de la reorganización social. Por culpa de
estos individuos, que quisieron imponer un estilo de vida como el único correcto
para ser llevado a cabo, nuestro país vivió uno de sus peores momentos históricos,
comparable con otros procesos de este tipo ocurridos en el mismo siglo XX en
Europa.
Después de haber
recorrido un cierto camino, se puede esgrimir con total acierto que se está en
condiciones de concluir con este mini ensayo. Dentro de este, hablamos de la diferencia
entre el verdadero amor por la humanidad y el ilusorio amor por la misma que no
es ni ha sido a lo largo de los siglos más que mero amor propio que no paso de
eso. Al primero lo definimos como el camino que conduce a la bondad, a la
solidaridad y al respeto por la totalidad el género humano, pese a las
diferencias que puedan existir entre cada uno de ellos a la hora de exponer una
visión del mundo.
Al segundo lo calificamos como aquel que hasta ahora ha
sido el más frecuentado por la gran cantidad de ideologías existentes, y en
nuestro caso particular, las distintas ideologías políticas.
El segundo tipo
de Eros que mencionamos puede convertirse en algo muy peligroso si no es
conservado dentro de sus límites, ya que puede ser el camino a tomar que
culmine en lo que llamamos “gobernar para aquellos en quienes podemos vernos
reflejados”, y por consiguiente en el autoritarismo.
Por lo tanto,
mirando hacia un costado para ver de qué tipo es el mundo que nos rodea, me animaría
a esbozar que el amor en gran medida cubre a la inmensidad es aquel que tiene
que ver con no salirse más allá de lo que compete a la propia personalidad de
cada uno, ese mismo amor que si no le son impuestos limites puede ser peligroso;
lo cual conlleva al hecho de que en la biografía de la humanidad y en su actual
situación, aquellos portadores de ideologías están más inmersos y empapados del
amor más bajo y terrenal que del amor más elevado que seguramente elevaría al género
humano unos cuantos escalones más arriba.
El verdadero
amanecer de la humanidad; ese que pueda acabar con el hambre, la soledad, el
odio y demás subpestes derivadas de la peste mayor, solo advendrá en el momento
en que el hombre deje de lado sus intereses propios y los de aquellos que se le
asemejen, para que de esa manera estos intereses sean reemplazados por aquellos
por los intereses y necesidades de todos. Cuando los intereses sean los intereses
de todos así sucesivamente, cuando la tolerancia, el amor y el respeto reemplacen
al odio y al rechazo, seguramente podremos acabar con todas las subpestes mencionadas
anteriormente. Y puesto que de esta manera nadie podrá dañar a nadie ya que sería
como auto mutilarse a si mismo, estaría perfectamente bien decir que uno seria
para todos y todos para uno, y que por tanto la injusticia y la intolerancia no
tendrían ningún tipo de cabida en un mundo donde la igualdad predomina por
encima de cualquier diferencia; la igualdad que nos demuestra que a pesar de
las diferencias en el fondo somos todos seres humanos.
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