Desde el preciso momento en el que nacemos hasta los días posteriores en los cuales como seres humanos nos desarrollamos, nos adentramos en un mundo en el cual pareciera que una cierta cantidad de cosas ya están dadas y de las cuales no podemos escapar bajo ninguna metodología.
Desde todas las épocas, e inclusive en la nuestra, muchísima gente siente que no sabe cual es su función en este mundo ya que no se sienten identificados con todos los modismos que yacen reinando sobre la faz de la tierra y pretenden que nos desarrollemos conforme a ellos. Esta gran masa humana de individuos desesperados ante el aterrador sentimiento de no saber cual es su papel en la vida, es victima de todos aquellos comentarios que desde el momento mismo de nuestro nacimiento nos impregnaron con su esencia y de la cual es difícil deshacerse.
A lo largo del pasar de cada quien por el mundo, padres y demás personas, siempre o casi siempre con la mejor de las intenciones, nos aconsejan y casi nos ordenan sobre cual es el camino absoluto a seguir para poder ser considerados como “alguien” en la vida. Cuando me refiero a camino no me refiero a ese absolutismo bonachón por el cual se nos aconseja designar el camino del bien para caminar sus rutas y desarrollarnos dentro de sus limites, sino que el camino al cual me estoy refiriendo en este momento es aquel que tiene que ver con el hecho de querer proyectar relatividades cual si fueran absolutismos en la personificación de otro ser.
Con esto mencionada con precedencia, lo que queremos hacer harto evidente es que en el mundo una manada de gente que solo quiere el bien para nosotros, vernos triunfar en la vida por sobre todas las demás cosas, intenta “ordenarnos” sobre los modos por los cuales tenemos que vivir nuestras vidas. Para seguir dando rienda suelta al afande esclarecimiento, aquí no estoy haciendo referencia al mero e importante hecho de que quieran guiarnos por el camino del bien para alejarnos del mal, sino que de lo que aquí se trata es de aquellos casos donde algunos individuos nos dicen de que manera debemos vivir nuestras vidas, hacer uso de la gracia que implica poseerla. La manera que estas personas encuentran como las mas certeras es conforme a sus relativismos transformados en absolutismos; por ejemplo: no es nada extraño que un padre a la hora de aconsejar a su hijo ante la vida le imponga cierta cantidad de cosas tales como el hecho de que tiene que ser tal cosa en lugar de otra en vez de proporcionarle la mejor herramienta para poder afrontar todo lo que halle en su camino: que sea feliz como sea, siendo siempre fiel a sus deseos y a sus sentimientos.
Como ya hemos mencionamos con anterioridad, habitamos en un lugar donde los moldes ya están constituidos y donde muchas veces la alegría y el placer de vivir se confunden con el hecho de alcanzar una posición elevada en la pirámide social. De esta manera, muchas personas cuyos sueños de aventura y gracia no se corresponden con ninguna de estas profesiones cuyo quehacer diario los posesionaría excelentemente en la pirámide y ante la mirada del ojo ajeno, sienten que sus vidas son un montón de años y pensamientos sin sentidos los cuales no valen la pena de ser vividos: En este preciso momento es donde podemos hablar de las llamadas “crisis existenciales”. Estos momentos de crisis característicos solo pueden ser superados a la vez que se comprenda una cosa, la más fundamental de todas: que la felicidad reside dentro de uno mismo, y no afuera en la opinión de aquellos otros de los cuales esperamos impacientemente su cuota de aprobación.
La felicidad es algo que reside dentro de uno, y solo es necesario sumergirse muy profundamente en uno mismo para poder comprenderlo. Aquellas personas que no lo hacen, viven pendientes de la crítica del mundo y basan su vida sobre los cimientos siempre endebles que estos detentan con seguridad, lo cual conlleva a que muchos no alcancen la felicidad.
Existe demasiada gente que al creer que lo único que se muestra como correcto, supremamente bueno y ético es lo que la gran mayoría de las personas valora como tal. Estos individuos, en el caso de que no puedan compartir tal opinión sobre lo soberanamente bueno con la gran mayoría, al no saber que estas opiniones son solo justamente opiniones producto de la reunión de un puñado de gente, son presas del sentimiento que les indica que no nacieron para vivir, que afuera no hay nada por lo que valga la pena pelear ya que ellos no nacieron como seres con alguna utilidad capaces de llevar a cabo bien esas tareas que lo real nos ofrece. Sin embargo, puede suceder que muchos de ellos se sientan útiles para otro tipo de cosas, no tan ponderadas por el imaginario social pero que no dañan a nadie y que al igual que cualquier otra actividad siempre contribuyen con algún grano de arena. Es a partir de este momento, en el momento en uno le encuentra el verdadero sentido a su vida, el momento en el cual sabe para que vino a este mundo, en que uno se puede despedir finalmente de todo tipo de crisis. Pero anteriormente debe poder descifrar el hecho de que todo lo que anteriormente aparecía como la felicidad asegurada era algo instaurado por el imaginario social, que no era nada absoluto y que el solo hecho que lo festejen unos cuantos no quiere decir que sea un absoluto.
Habiendo comprendido como el DIOS engañoso de afuera lo había turbado una vez mas, es como se podrá abalanzar sobre sus sueños para poder alcanzarlos sin importarle nada de lo que podríamos llamar el juez exterior.
Al lograr impedir que las voces de afuera conviertan nuestras almas y cuerpos en marionetas, al haber podido lograr que no hagan de nosotros títeres encarnados, es como podremos conocer el placer de vivir.
El gran error que comete la gran mayoría de los padres a la hora de educar y aconsejar a sus hijos es convertirlos en seres demasiado pendientes de la critica exterior, métodos el cual únicamente conlleva al hecho de que terminen inculcando modos de percibir el mundo circundante, mutilando así el camino que lo conduce hacia su alma que es el único en el cual podría encontrar la clave de la felicidad.
En estos métodos de crianza, nunca se la aconseja al hijo que sea feliz siendo lo que quiera ser, que sea feliz “siendo”, sino que se le aconseja seguir a determinado arquetipo debido a las ventajas que de tal seguimiento e imitación podrían alcanzar.
Es a raíz de todo esto que hoy en día el estrés es moneda corriente en nuestras sociedades; estresadas y para llamarlas con propiedad: “infelices. Es así, como lo venimos describiendo, como se separa al hombre, se lo aleja de su alma, la cual podrá proporcionarle su razón de existir en el mundo. Es gracias a esto que muchos no entienden ni saben para que están en el mundo, ya que en algunos casos, esos muchos no se sienten identificados con lo que la sociedad les impone,
Cabe distinguir la existencia de tres tipos de personas en la Tierra : aquellos que saben para que están, aquellos que también lo saben pero temen lanzarse hacia lo que tanto anhelan, y aquellos que perdieron totalmente la comunicación con su raíz mas pura y no encuentran ningún tipo de sentido a la existencia. Personas del primer tipo son aquellas que están plenamente aferradas a la existencia, es decir, aquellos que viven conforme a su alma. Las segundas son aquellas que conocen su alma, pero que todavía no se sienten lo suficientemente desapegadas de las voces externas como para poder de manera acorde a su esencia, y las terceras son aquellas que se encuentran totalmente desconectadas de su alma y por ende de su existencia, personas que se sienten inútiles para la vida pero que no saben que en la parte mas oculta de su ser se encuentra aquello para lo cual están vivos y para lo cual son útiles.
De este modo, y para ir repasando un poco todo lo esbozado, podemos decir con plena seguridad que el sin sentido es un sin sentido. Con esto lo que queremos decir es que en la vida todo tiene un sentido, nada queda librado al azar, y el gran merito es poder acercarse a el para que su contemplación nos bañe con su luz. Aquellas personas que se sientan inservibles, vacíos, que no se identifiquen con nada o con muy poco de lo impuesto con la sociedad, deben poder descubrir que ella no tiene la capacidad de poseer verdades eternas, y que la búsqueda que anteriormente comenzaba desde afuera hacia adentro, debe trasladarse hacia dentro de uno mismo para luego poder plasmar lo que uno es en el exterior. Siguiendo estos pasos, haciéndose fuerte y convirtiéndose en un ser libre no solo exteriormente sino también interiormente, es como podremos desviar nuestra vida de aquellas cosas equivocas, y dejar de seguir arquetipos exteriores para seguir el camino trazado por nuestra alma en el curso de la búsqueda de la propia felicidad.
Por ende, para ser felices no hace falta tanto como algunos quieren hacernos creer. Lo único que hace falta es quererse, amarse, aceptarse a uno mismo tanto como se lo debe hacer con nuestros semejantes para que de esa manera la felicidad de la que seamos propietarios pueda ser patrimonio de los demás y para que de esa manera nos hagamos de un paraíso tanto interior como exterior donde el bienestar propio y de los demás sea el único objetivo a alcanzar como humanos, dejando de lado todo tipo de imposiciones y absolutismos para entregarnos al único absoluto que nos agraciaría por toda la eternidad: el amor, el único capaz de llevar a cabo una revolución cultural, aquel que permitirá el paso del homo sapiens al homospiritus, guerrero de luz que lucha por el bien universal en la totalidad del universo.
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