miércoles, 19 de diciembre de 2012

Sueños

Hay momentos en el día para los  cuales la pesadumbre de la materialidad puede esfumarse cual si fuera una ilusión óptica, cual si estuviera  compuesta de una dudosa materialidad que apenas puede aprehenderse mediante la potencia de los sentidos.
  Esos momentos, y no otros, son los que alimentan a mí ser con una bocanada de inconmensurable paz, esa misma esencia que la ataja de los peligros de la locura y la desesperanza a los que tan proclivemente puede llegar a rendir culto.
  Cuando llegan ellos, cuando advienen tan alegremente a mi conciencia, logran despertar al hombre que durante años pasó su mayor parte del tiempo invernando, esperando hasta que llegue una primavera que anuncie un mejor devenir para las condiciones mutables de la existencia. He ahí que la primavera tan deseada en la intimidad de mis días, llega, aunque mas no sea de manera breve, y los niños salen a jugar por el florecido jardín que ella les ofrece.
  La nieve que rodea  los árboles, y no deja florecer los tallos que  majestuosamente adornan la corona que el artista universal diseño para ellos,  se derrite, para dar paso a la inconmensurable belleza de la vida y al inusitado despertar después de un largo invierno existencial. Lo que antes había simbolizado penumbra, lo que no había dejado florecer al deseo de poder crecer ilimitadamente hasta tocar los rayos del sol y sentir su calor penetrar hasta las profundidades del corazón, cesa de existir, dando paso de esa manera  a una carretera donde el camino hacia  el Edén se transforma en un eterno corretear por los jardines que todo hombre supo habitar durante su niñez.
  No es un placer terrenal, no es un anhelo ni un deseo que se relacione con la posesión de bienes materiales; solo son momentos en los cuales se le permite a un hombre caminar los senderos que durante su infancia tuvo que abandonar por algún momento, pero que en su interior siguen siendo la llave para abrir el cofre de la felicidad, y reencontrarse con todos esos amigos de los cuales alguna vez tuvo que despedirse dolorosamente.
  Esos pequeños instantes, esas pequeñas ficciones que habitan en nuestros escondrijos más profundos, son las que nos empujan a abrazar el alba mañanero  para hacer de la materialidad  sensible un lugar tan bello como el que se representa en lo más hondo de nosotros. Son ellos, y ninguna otra cosa, los que nos ayudan a ponernos de pie  tras las tempestades que amenazan con destruir el núcleo de nuestros deseos. Son ellos, y solo ellos, quienes anuncian que más allá de lo meramente percibido, hay algo mejor, hay un lugar para el cual  la soledad ha sido erradicada, y donde millones de amigos esperan para poder fundirse en un abrazo que transforme a todos los presentes en un solo individuo. Son los sueños, y ninguna otra creación, los que llenan de sentido al devenir de la existencia, los que  permiten al hombre elevarse por sobre todo lo racional para encontrase con todos esos a quienes creía haber perdido en el camino,  y aquellos que nos ayudan  a seguir cada vez que tropezamos mientras añoramos la calidez de sus mantos; ya que mientras arda la chispa del recuerdo, el corazón va a nutrirse de su calor para nunca desistir y encontrar el paraíso en el cual no haya más racionalidades que la de ser meramente una persona feliz.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Alma gemela



¿Qué significa vivir, cuando tu fuente de energía se disipa día tras día, se obnubilan arquetipos que ayer se erigían en sublimes estandartes imaginarios que hacían reflejarse a tu espíritu e irradiar la llama proveniente de su corazón a punto de devolverle el calor al espíritu?
  Es cierto que el monumento en el cual rendía culto a la existencia no era más que un simple costal de carne y huesos, como cualquier ser humano que llega para cumplir una etapa a este mundo. Sin embargo, tal esencia mortal que nada celestial exponía ante la vista de mis coetáneos, era para mi persona el éter que le permitía divagar libremente por un submundo de fantasías de ensueño donde el dolor no tenía permitido el acceso, y la alegría era como el pan de cada día.
  Y ahora que su mano se ha desprendido de la mía, que sus ojos ya no ven lo mismo que los míos, la soledad ha sido la única compañera fiel para mis tardes grises, donde la melancolía se erige tal cual un reino que somete a mi sentir cual si fuera uno de sus plebeyos.
  Tal es así, que extrañarla se ha convertido en mi pasatiempo favorito. Y cuando lo hago, recuerdo cuan indispensable era su imagen  para encender el motor de mis deseos, y darle rienda suelta a eso que algunos bienaventurados han llamado “vivir”.
  Su ausencia se apodero  de mi voluntad, y hoy no hago más que retirarme al submundo de mis recuerdos para sentir retrospectivamente el aunamiento que nos convertía en un solo ser; entelequia para la cual la incompletud, el vacío y la soledad eran estados indiscernibles que nada tenían que ver con su realidad existencial.
  Las cosas fueron  siguiendo su curso, pero violando el curso natural conforme lo que podría haber sido y hoy no es. Convertido en un ser que ha quedado preso de una hermosa madeja de recuerdos, hoy no hago más que evocar su sonrisa, hoy no soy más que un esclavo de aquello que alguna vez hizo que viera en sus ojos todas esas cosas que me faltaban para alcanzar la plenitud propia de una persona feliz.
   Sin embargo, que su insospechada figura sea la cárcel de mi voluntad, no es una tortura tal cual muchos pudieran concebir; y si lo es, seguramente sea la tortura más hermosa que haya existido nunca. Rememorar su imagen es como la flor en medio del desierto que anuncia que en algún lugar del espacio hay agua para poder saciar mi sed. Evocar su sonrisa, es asegurarme de que el paraíso no se erige tan lejos como algunos profetas han querido hacernos creer. Y recordar que su existencia es real y no una mera ilusión fruto de mis deseos, es corroborar  que el mundo en el cual me ha tocado vivir es hermoso, ya que mi mundo no es otra cosa más que los momentos en los cuales ambos dos fuimos solo uno.
   

domingo, 7 de octubre de 2012

Neo Satán



Soy el vómito de la criatura  más mundanamente mundana  que haya pisado suelo terrestre. Soy el terror de los dinosaurs conservadores, que con el temor haciéndose presente en sus pupilas, visualizan al hijo del supremo hereje corrompiendo sin ningún tipo de piedad a sus inocentes criaturitas; criaturitas similares a ovejas guidas por un pastor que solo quiere verlas caer en un precipicio sin retorno ni salida.
  No he venido a traerle esperanzas a nadie, según dicen aquellos que hoy me defenestran. Tal es así que se me acusa de corromper a toda una nación, a toda una civilización ilustrada por los conocimientos universales de las buenas costumbres y de la moral puritana.
  Se me acusa de ateísmo, entre una de las tantas cosas por las cuales debiera considerarme culpable. Pero es en este punto donde me urge una pregunta que subyace mi ser, que desea salirse, si no es por la boca, bien  por los poros o por cualquier otro lugar que le permita encausarse libremente hasta romper los tímpanos de cuanto sordo malaventurado quiera pero a la vez no quiera oír: ¿No es cierto que  en nombre de su Dios han masacrado gente? ¿No es cierto que su religión hizo arder en llamas mujeres inocentes por considerarlas brujas? ¿Acaso, no es cierto, que en nombre de “La pesada carga del hombre blanco”, masacraron una civilización entera?
  Entre otras de las tantas cosas, también se me acusa de ser un agitador social, un malnacido orgánico, un engendro mutante resultado del romance de Lucifer con la siempre tan bella Medusa. Pero ahora bien, ¿no será que sus críticas aún desconocen el principio de realidad? ¿No será que su siempre justo y tan bien elaborado sistema social, es causante de avaricia, guerras, hambrunas y demás pestes que conducen lo poco que resta de humanidad al borde de un precipicio del cual, después de caer, nunca vamos podremos volver a subir?
  Neo Satán, así me llaman quienes realmente me juzgan por mi apariencia, se cansó de ser el blanco de opiniones infundadas, se cansó de escuchar a gente hablar de amor cuando en realidad, dentro de sus corazones solo reina el odio, monopolizando tal órgano. Este personaje caricaturesco para algunos, ridículo para otros, excremento de un demonio para otros,  anti estético para los esclavos de la belleza artificial y la moda, se hastió de ver reinar a la hipocresía sobre las mentes de cada uno de sus coetáneos.
  Puede que yo, Neo Satán, este equivocado. Puede que el presagio de una futura psicosis demencial este empezando a surtir efecto sobre mi cansada estructura perceptual del mundo. Pero día tras día, al ver tanta miseria, sufrimiento y dolor queriendo estallar para abalanzarse sobre una realidad que hoy la desconoce, comienzo a creer que quizás no esté tan errado en mi juicio. Tal vez, sea un loco más cerca de la cordura y el sano juicio que el inmenso rebaño de los denominados mortales. Tal vez, a pesar de que el juego de palabras circundantes no conspire a mi favor, pueda llegar a estar más cercano a la felicidad que aquellos que con falsas sonrisas y el auto último modelo a su lado dicen sentir, cuando en realidad nada saben de ella, y nunca, ni siquiera nunca, la han visto de cerca.
  Tal es así, que me enorgullezco de ser reconocido como Neo Satán; el terror de los dinosaurios, el hijo que ninguna madre hubiera deseado alojar en su vientre, el nieto que ninguna abuelita habría querido malcriar. En fin, puede que en mi locura esté más cerca de hallarme con Doña Felicidad que todos aquellos que aún no se animan a vivir, y que todos aquellos que aún no se han despojado de la artificialidad de falacias que hasta hoy día han dado sentido, escueto pero en fin sentido, a sus vidas.
  Mi nombre no es Neo satán, pero confieso que tal apodo no me disgusta si se me acusa de ser un hereje, de ir en contra de las buenas costumbres y del mundo tal como es interpretado por los referentes a seguir según el grueso de la gente. Y mucho menos me disgusta cuando en realidad  soy un mero soñador que imagina vivir en un mundo mejor, donde el amor y la libertad sean reales, y no ficticios como los de hoy día. Un mundo en el cual  impere el amor sin condiciones, donde el compartir prevalezca por sobre el acumular; y por sobre todas las cosas, un lugar en el cual no haya banderas, ni países ni religiones, sino que una bandera, un país y una religión: el amor por todos los seres vivos que habitan al mundo.
 
  

lunes, 24 de septiembre de 2012

La soledad


¿Qué es la soledad?, sino un concepto abstraído de la mente de los hombres para explicar aquel estado para el cual la única compañía que aparece presente a los sentidos es uno mismo.
  Hay días, momentos y noches en que tal acompañamiento puede resultar útil para depurar conceptos en cuanto a entes exteriores que amenacen con resquebrajar el poco sentimiento de vida que resta tras un semblante de alegría ficticio, donde la felicidad se convierte en un mero envase sin ningún tipo de producto adentro. Pero hay otros momentos, en que tal retiro del mundo exterior puede resultar tan persecutorio, dañino y hostil como lo era permanecer ahí dentro. Es entonces cuando el propio espíritu especular, ese con el cual nos reflejamos cada mañana en el espejo, empieza a jugarnos las veces de Dios conspirador que pareciera querer alentarnos para dar el paso que resta para descender eternamente a la cornisa que lleva al Tártaro.
  ¿Cómo alcanzar la felicidad si mi propio interior, y muchas veces el exterior no  me dan la posibilidad? Dentro de mi reino, soy prisionero del personaje más tétricamente decepcionado de sí mismo  y pesimista que haya pisado la imaginación de cualquier hombre;  y fuera de mi propia materialidad solo veo muerte, codicia, hambre y niños que lloran. ¿Cómo harán aquellos vivaces espiritus para encausarse en los mares que llevan a buen puerto, donde la felicidad abunda a pesar del infierno que hace las veces de fondo o perspectiva? ¿O será que la felicidad no existe siquiera para ellos, y que por dentro solo somos unos meros corazones rotos ansiando encontrar algo que no sabemos muy bien que es, pero que a su vez sabemos que nos colmaría total y eternamente de felicidad?
  ¿Qué tipo de sentimiento será tras el que me dirija como un sabueso en plena labor?¿ Acaso se tratara de arrancarse de todo aquello que las voces me hayan dicho que era bueno, para seguir a mi corazón en busca de tranquilidad y reposo? Aún no lo sé, tengo toda una vida para resolverlo, pero poco tiempo para seguir sin encontrarlo.
  Aunque algunos me tomen por entusiasta, creo que es tiempo de decir adiós al falso semblante que ocultaba la tristeza del niño inseguro que yace dentro, hoy pienso ser aquel que siempre quise ser y nunca se animó a ver luz. Adiós, simplemente adiós. No me esperen, porque del lugar al cual pienso ir, de seguro nunca más voy a volver.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Mi amiga imaginaria



Ella no era una más entre todas las mujeres y criaturas del espacio físico. Era un ser que se eleva por sobre la humanidad y no humanidad de todas las entelequias que se reúnen para dar forma al paisaje que todos decimos conocer. Pero a su vez, su esencia más vital, aquella que alimentaba a su corazón con el calor que le permitía vivir la vida tal como los ángeles podrían concebirla, hacia qué tal superioridad almica no se proyectara de manera sádica por sobre los demás, y que al contrario de lo que podría imaginar la mente de un ciego deseoso de aquel poder que siempre amenaza con desquebrajar las valoraciones propias de la naturalidad que resta de su espíritu, hiciera uso de esa capacidad olímpica para defender las libertades más esenciales correspondientes a cada uno de aquellos que luchan por no perecer ante la recaída propia de una vida de constantes sumisiones, donde el Rey siempre parece ser un extranjero colonizando tierras que no se corresponden con sus dominios.
  En sus ojos, yo veía simplicidad. Eran dos obras de arte por donde se podía viajar hacia el centro de la simplicidad, de la imperfección más perfecta, de la belleza más humana.
  Sus palabras hacían eco en mi alma, era como si me hicieran recordar lo feliz que supe ser cuando aún era un niño, y mi inocencia no me hacía dar cuenta de la maldad que puede rodearme y a su vez lastimarme. Su voz, aquella  que parecía el cantar de una sirena que con sus melodías endulzan el alma de un marino que naufraga en mares enturbiados, hacía que me olvidara por unos pequeños y eternos instantes, de la pesadumbre que implica ser esclavo de una mente en la cual parece se han tirado todos los dados, sin lugar para descarrilarse de un destino que pareciera ya fue casi escrito.
  Al haber contemplado la perfección encarnada en un cuerpo humano, al haberme encontrado con la encarnación de la belleza en su más amplio espectro, se me hace imposible concebir tal invaluable sensación como un hecho producto de la sanidad de mis sistemas perceptuales. Durante todo ese tiempo, creí que vivía inmerso en un sueño diurno, donde al fin había encontrado a ese ángel que con sus sueños alados me había enseñado a vivir, me había hecho ver que la felicidad residía en el ser; inconmensurable esencia pura que no se destaca por someterse a vulgaridades que amenazan con la autodestrucción de un género confundido, sino que se somete únicamente a sí mismo para fluir tan libremente como un rio de almas que en paz descansan.
  Sin embargo, y a pesar de que creía haber sido engañado por un Dios superior a mí en todos los aspectos, que ponía a mi vista un aljibe en medio de un desierto en el cual la fuente de vida solo era un espejismo, he llegado a darme cuenta de cuan afortunado fui. La hipótesis del Dios quedo atrás, la figura de este ángel era tan humana que sería imposible crear que era fruto del ingenio de un Dios. Si bien su perfección no era celestial, para mí era una diosa, mi templo, el Dios más imperfecto y por ende humano que conocí.
  Todas las noches deseo volver a verla. La tristeza y la melancolía se apoderan de mi alma perturbada. Pero al recordar, y reflexionar sobre su enseñanza latente, abandono ese estado de tristeza y aguda y vuelvo a verla a en todas partes. Fiel a su simplicidad, vuelvo a verla en el cantar de las aves, en el reír de los niños, en la esperanza que implica ser felices y vivir en un mundo mejor, y en cualquier lugar donde la simpleza amenace con desterrar la saturada percepción del artificial esplendor  del cual he sido partidario.
  Al fin y al cabo, debo decir que no la extrañare nunca más, ya que ella está siempre conmigo. Está en cada momento donde la virtud me haga comprender donde radico yo realmente. Siempre que escuche el cantar de la vida la recordare, y mientras las aves sigan cantando y los caballos pastando en el prado libremente, voy a ser feliz contemplando  su inconmensurable y sencilla perfección que se apodera de mi alma cada vez que la encuentro, y cada vez que "despierto".

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Alguien trasmutado en nadie


Linyeras, vagabundos, llámese como quiera a esa gente que vaga por la vida sin un rumbo fijo. Rumbo que ya han perdido hace mucho tiempo si se quiere, pero nunca es tarde para volver a reencontrar.
  Las mayores pérdidas no se miden en términos materiales, económicos y/o terrenales. Donde yace la perdida más grande, esa que parte el corazón al medio, que hace de las lágrimas ríos donde se ahogan las esperanzas, es en ese horizonte que se esfuma crepuscularmente, es en la pérdida del contacto humano.
  Seres invisibles para los ojos de la mayoría, patriotas en el país de los ciegos, donde cada cual deja de lado lo más puramente humano y se regocija con bienes materiales que no dan nada más que felicidad aparente.
  Ser una persona en situación de calle, implica ser invisibilidad por los semejantes, incluso por almas que alguna vez creyeron que los amaban incondicionalmente. Implica no gozar del calor humano, haciéndose íntimo de la soledad, la única incondicional que poco a poco enfría al corazón hasta el punto de congelarlo para nunca volver a sentir tal calor.
  Maldita sociedad esquizofrénica, que tiene como predilecto el envase por sobre lo que hay dentro, algún día, tal vez llegue el momento en que dejemos de ser maquinas frías manejadas como títeres, y empecemos a ser humanos con pleno derecho, para así poder sentir el dolor ajeno como propio, como un puñal que cala hondo hasta el punto de no dejarnos vivir dignamente; y tal vez ahí, tal vez en ese momento, dejemos de ser unos neófitos fatales, para volver a sentir como humanos, y de esa manera podamos compartir un abrazo, una sonrisa, y porque no confesarnos nuestras tristezas para así vaciar al cuerpo de dolor y dejar espacio a la alegría tan deseada para que lo colme.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los niños olvidados


En el fondo, todos somos niños que nos olvidamos de la felicidad que implica ser un niño.
  Con el pasar del tiempo, a medida que las agujas truenan malgastando su tiempo en un circular movimiento cuasi rutinario, la cultura y la civilización nos hacen olvidar que tras el envase, dentro del envoltorio decorado por las vestimentas de la moda, aggiornados por los elementos materiales que resplandecen en la era del parecer por sobre la del ser, existe un niño que pugna por salir a cada instante, a cada momento; y de esa manera intentando sublevarse contra las barreras externas que aquellos enemigos del espíritu libre construyen para de esa manera obstruir nuestra independencia.
  Quienes la construyen, quienes la erigen por sobre el seno de vuestra humanidad, pretenden hacernos olvidar que muy profundamente, somos sujetos cuyo único motor para subsistir y no convertirnos en piedras inertes es el deseo, ese manojo de fantasías y delirios que tan bien nos hacen sentir cada vez que nos acercamos, mas no sea utópicamente. Estamos sujetos al deseo, y si dejáramos de desear, si no anheláramos ardientemente y la llama que irradia desde el lugar más recóndito del mismísimo espíritu dejara de flamear, habremos olvidado lo que es vivir.
  La pregunta que emana en este breve periodo de introspección meditativa, donde el ser, el espíritu, se bifurca tal parafrenico sin ningún filtro y roza el éter sagrado que representa la receptáculo de la verdad es la siguiente: ¿podemos avanzar hacia la felicidad si dejamos de soñar? ¿Podemos ser dignos de la dicha eterna, si nos abandonamos a aceptar la material y fría realidad de la cual nos hicieron y nos hacen participes sin siquiera preguntarnos si queríamos formar parte de ella? Más precisamente, ¿Qué significa obstaculizar al niño interior, al germen portador de luz? Obstruir, reprimir, avasallar al pequeño que yace en nuestro interior, básicamente significa matar al motor del alma, ese motor que nos impulsa a dar un paso tras otro para desplazarnos más allá de lo que muchos quisieran, quebrantando límites impuestos artificialmente por quienes ostentan tesoros vacíos a costa del hambre y la miseria de unos muchos nadies.
  En términos puntillosos, un niño es un ser curioso, hambriento de aventuras, lleno de vigor, y por sobre todas las cosas una criatura que anhela, que imagina y esboza, que fantasea con ser la encarnación más pura de sus utopías caminantes.  Es muy típico escuchar a un niño que exprese que quiere ser cuando sea grande; que imagina, conforme a su fuente de energía, poder llegar a ser para alcanzar la plenitud.
  Aniquilar, anestesiar mejor dicho al niño que yace en nosotros, significa prohibirnos del único medio más puro para elevarnos como seres humanos. Con el caer de la arena en el reloj, dejamos de soñar y nos hacemos presos de una realidad con la que nunca soñamos, y con la que nunca nos identificaremos.
  Reencontrarse con el pequeño adormecido implicaría volver a imaginar. Un infante es una criatura inquieta, curiosa e introspectiva  que literalmente, se muere por vivir a diferencia de nosotros, adultos victimas del maniqueísmo más infernal que vivimos a costa de morir diariamente. Dejamos de lado nuestra curiosidad por conocer creyendo que todo ya está dicho, y además cesamos de ser agentes activos y creativos de nuestras vidas para que alguien más de afuera nos moldee tal si fuéramos arcilla.
  Los finales, tienen que tender a ser cortos y concisos, hacer de lo pequeño una inmensidad, tal como una pequeña antorcha puede alumbrarnos en medio de la inmensa oscuridad de una caverna. El niño interior, pugnando por salir de la prisión creada por los abusivos poseedores del poder coactivo, es aquel que tiene la posibilidad de soñar, de creer, y a su vez de esperanzarse por cosas mejores. Es aquel que no pierde la curiosidad, y se pregunta el porqué de todas las cosas, sin asimilar como natural la más mínima cosa. Para hallarlo, habrá que elevarse como seres humanos en un viaje del tipo introspectivo que no tiene desperdicio, lo que a su vez implica una sensación semejante al dolor en un principio, tal como la inseguridad de un joven que abandona la casa paterna para conocer el mundo. Pero a su vez, le otorgara felicidad a lo largo del camino que como caminante forje, ya que es mejor y más digno morir por haber vivido y no vivir una vida que muere a cada segundo un pedazo más, algo así como una planta seca que sigue sobre la maceta.
  Seamos pequeños, seamos niños, y dejemos todos los miedos y las frustraciones atrás, para de esa manera encarar la abundancia que trae la felicidad, y así crear un mundo nuevo conforme a la ley más humana de todas que implicaría luchar por lo que cada uno cree que es conforme al bien, y no padecer que una vida que nos deseque a diario.
  Seamos simples, seamos honestos con nosotros mismos, soñemos. En síntesis, seamos niños, que es allí donde nuestra gracia reside.

domingo, 12 de agosto de 2012

El dolor como esperanza


Como seres humanos que somos, portadores de algunas virtudes y también de algunos defectos que nos sobrepasan nublando la visión acerca de todo aquello que se nos presenta en nuestro camino mundano, solemos repetir día tras día todos aquellos actos que alguna vez nos enseñaron que no debían volver a sucederse;  sino que debían ser considerados como pequeños momentos de aprendizaje donde la vida hace las veces de maestro o guía espiritual y nos enseña una lección de vital importancia para constituirnos en sujetos más sabios para el andar progresivo de nuestro futuro.
  Como ya hemos esbozado, una de los mayores desperfectos del hombre es volver a reincidir en el error, volver a ser apresado por esa misma mente que lo llevo a cometer un acto que no se condecía con el bienestar de su alma, sino que muy al contrario, terminaba por devastarla haciéndola preso de un laberinto creado por la propia mente. Ahora bien, ¿Qué es lo que pasa con nosotros, seres humanos, que no podemos aprender paulatinamente de todos nuestros errores, sino que una y otra vez tropezamos con la misma piedra? Existen momentos en los cuales pareciera que existe una suerte de ley de la atracción, donde todas aquellas cosas que nos podrían hacer daño parecen ser las más atractivas y ante las cuales no podemos resistirnos ni siquiera un instante; es como si no nos dieran tiempo de analizarlas profundamente para develar que tras lo que por fuera parece un paraíso terrenal que nos invita a vivir alegóricamente en un mundo celestialmente hedonista, en realidad se oculta un paraíso a una suerte de infierno personal que nos tiene preparado la vida, en la cual la figura de Lucifer, por algún que otro motivo, sabe que somos débiles.
  La pregunta que se le presenta a este mediocre y sumamente imperfecto ser humano, es la siguiente:¿Hay alguna manera de evitar caer en la infelicidad? ¿Existe algún modo que nos interpele a ver más allá de lo que es un bien aparente, a ver más allá de lo meramente material? ¿O el dolor se nos aparece como una suerte de karma, del cual no podemos escapar bajo ningún punto de vista, y desde el cual tendremos que aprender a vivir por el resto de nuestros días, hasta que la muerte física al fin haya alcanzado a la del espíritu?
  En el transcurso de la vida, día tras día, algún ente superior, y tal vez sea de tinte maligno o de tinte híper realista, pareciera que anhela hacernos presos de un engaño supramundano, desvitalizando todas aquellas capacidades encondidas en lo más recóndito de nuestra mente, aquellas que nos podrían indicar que después de cada invierno por el que atravesamos y que nos convierte en personas más vulnerables, tristes y distantes, aparece una primavera donde la alegría que parte del corazón florece, irradiando de color al jardín de nuestra alma y así devolviéndonos el placer de vivir que alguna vez recordemos haber tenido.
  Planteada la existencia de un demonio que nos ataca y no nos deja florecer como seres humanos, al punto de que nuestras raíces echen a dar flores de los colores más vivos habidos por haber, la pregunta que emerge  tal como un no vivo que sale de la tumba en unas de esas noches donde los ángeles del infierno hacen de sus días una fiesta, es la siguiente: ¿Qué es o quién es ese demonio, ese ente oscuro, frío, opaco y triste que con su energía nos opaca a nosotros como seres humanos, haciendo que busquemos refugio en aquellas cosas que amenazan con dañarnos, clavarnos un puñal en nuestro corazón para luego darlo de comer a las aves más viles creadas por el mismo Lucifer? ¿Por qué siempre valoramos lo malo, y dejamos de lado lo que es verdaderamente bueno para el alma? ¿Quién es ese demonio que hace que nos dejemos pisotear, confundiéndonos, por los acontecimientos del mundo? Las preguntas que en realidad son una misma pregunta, pareciera que nos llevan a un acertijo aún más engorroso, donde nuestra mente pareciera poder quedar más confundida y ofuscada de lo que estaba anteriormente. Pero esto no será así, siempre y cuando osemos mirar más allá de lo que los sentidos más terrenales nos ofrecen, y osemos adentrarnos en el submundo de nuestra conciencia, que es allí donde realmente se alojan todos los misterios acerca de la vida, los cuales podrían hacernos consientes de donde es que realmente subyace ese karma, ese demonio que nos hace ver un paraíso en medio de espinas que en realidad nos forcluyen en el acto de evolucionar como seres humanos destinados a ser felices.
  Tal daímon, tal ente oscuro que nos hace querer buscar el bien donde se aloja el dolor, tal criatura que nos incita a depender de aquellas figuras externas para así poder sentirnos plenos, y que hace que confundamos ellos con nosotros constantemente, tal figura no es más que uno mismo. Ese uno mismo, no es más que el espectro de un ser carente de cariño, en el cual su vida no ha conocido más que el amor artificial, y no ese amor tan puro el cual le permitiría librarse de los nudos mentales que no le permiten moverse hacía aquella luz al final del túnel que acabara por iluminar lo que fueron noches eternas de oscuridad y desarraigo emocional. En realidad, no es que seamos seres que nos movamos solo tras aquello que nos hace mal, sino que somos seres estáticos, atados a una cama de clavos en el cual cada movimiento amenazaría con arruinarnos cada vez más y más, cuando en el fondo la cama de clavos no es más que un mero juego de ilusionismo. Somos seres que pareciera no nos permitimos avanzar, y alguna de las cusas pueden resultar del estilo de vida que se nos compele a llevar. El mayor tiempo de nuestras vidas lo pasamos rodeados de ruidos, que anuncian voces pero ni una sola palabra concreta que acabe por decirnos que la felicidad surge del interior, y que tanto el demonio que pareciera ofuscarnos desde afuera como así también el héroe que puede hacer de nuestras vidas algo bello están dentro de uno, siendo uno y el otro una suerte de andrógino separado por la ambigüedad del juego comportamental en base a distintas estratificaciones psíquicas.
  Tanto el héroe que nos permitiría ser libres como así también el villano que nos hace esclavos de su imperio, conviven dentro del alma de todo ser humano, y conforme predomine uno u otro, la vida podrá ser más digna de ser vivida, o pasara a ser una suerte de tártaro terrenal donde penaremos hasta que la muerte con su daga nos indique de que nuestra hora ya ha pasado.
  Para hacernos amigos del héroe, para encontrarnos con ese salvador encubierto, es necesario retirarse del mundo exterior para así adentrarse en el mundo interno, alejarse de todos aquellos ruidos que nos encargan a buscar felicidad donde no hay más que un montón de almas vacías, deseosas de vivir la vida pero sin saber cómo hacerlo, deseosas de vivir la vida y no de morir la vida. Para eso será necesario conectarse con las raíces que sirven de motor a nuestro espíritu, aceptarnos tal cual somos, interactuar inclusive con el daimon para conocerlo, y a su vez servir al héroe de toda la información para que cada vez que nuestro daímon amenace con atacar, el héroe haga su papel bloqueando cualquier intento que amenacé con quitarnos la felicidad.
  Tal es la vida, así de imperfecto es el espíritu humano, que según quien o que prime dentro de nosotros, podemos ser artífices de la creación de una vida soñada, o artífices de nuestra propia muerte en vida. Vivir no implica merodear en las tinieblas, esperando a que algún Dios olímpico nos rescate con una palabra salvadora; vivir implica poder escucharse a uno mismo, aceptarse a uno mismo para así poder ser una persona entera, dejando atrás al sujeto dividido que confunde el bien con el mal, la tristeza y la pesadumbre de vivir con la alegría, y que así espera días mejores cuando en realidad el tiempo se le pasa convirtiéndose en tiempo pertrecho, malgastado e insuficiente valorado.
  La vida es una sola, no es mañana, no es ayer sino que es hoy mismo. Ser felices no puede depender de ningún tipo de creación exterior, sino del alma inteligible que se aloja dentro de cada uno, y la cual es portadora de nuestras verdades en los grados más superlativos de nuestro universo existencial. La cuestión por ser feliz se asemeja a una guerra, donde dos amos compiten por cuál de ellos se va a quedar con las tierras para así hacer y deshacer a su antojo. Depende quien quede para explicar la fertilidad de nuestras vidas, o por el contrario la sequía y desolación de nuestro terreno espiritual. Depende que triunfe el héroe, para así poder florecer día tras día hasta formar una suerte de Edén en el corazón, o depende que triunfe el daímon, para que triunfen el invierno eterno, donde nuestra vida se congela eternamente sin poder alcanzar nunca la virtud que nos permitiera poder esbozar que somos felices.
  El dolor, la angustia y el sufrimiento solo tienen un remedio: el dialogo interior, el retiro del mundo material para así poder escuchar a nuestro corazón y valorar cada día del resto de nuestra vida como si fuera el último, lo que nos permitiría vivir tan plenamente como el humano más resplandeciente del mundo pudiera hacerlo.
  

miércoles, 4 de julio de 2012

Heteronormatividad XXI: una forma sutil de discriminar


Con el paso del tiempo, la sexualidad de cada uno de los seres humanos ha sido un amplio tema de tabúes, debates, contradicciones, e inclusive hasta también ha llegado a ser objeto de persecución.
La sexualidad de los seres humanos, tal cual como cada uno de estos elige vivirla conforme a su esencia interior y fluyendo con el río que nace en sus almas, no está regida ni tampoco lo ha estado por ninguna entelequia sobrenatural que le imponga modos y adecuaciones conforme a sus criterios universales las distintas maneras de proyectar y sentir la sexualidad.
Pero como ya hemos nombrado la palabra sexualidad un par de veces, se hace necesario preguntar: ¿A que nos referimos cuando hablamos de sexualidad? Tomando los criterios que haya invocado la Organización Mundial de la Salud, se podría definir a la sexualidad como “una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano. Basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva, el amor y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, practicas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales”.[1]
Tal como la definición de la Organización Mundial de la Salud lo explica, el concepto de sexualidad no solo debe ser comprendido bajo preceptos bioanatomicos o psíquicos, sino que también deben ser tomados en cuenta los diversos entornos sociohistórico y socioculturales para de esa manera dilucidar de qué manera ha sido expresada en cada civilización.
A partir de lo desarrollado hasta aquí, se hace evidente que la sexualidad no está regida por ninguna ley que la convierta en una suerte de esencia univoca, sino que se moldea de acuerdo al sujeto en el cual aparece como inserta.
Durante mucho tiempo, y a pesar de que en algunos momentos no fue tal, la heteronormatividad ha ordenado los modos de relacionarse amorosa, afectiva y sexualmente, y se ha encargado de excluir todo aquello que estuviera por fuera de este campo, aniquilándolo e invisibilizándolo de las más maneras diversas. Aquellas vidas sexuales que no se ajustaban a los preceptos heteronormativos, considerados como si hubiesen arribado a la faz de la Tierra tal como las tablas de la ley a Moises, han llegado inclusive a ser patologizados durante gran parte de la historia de los tiempos; y aun hoy, para algunas mentalidades que no se han percatado de que al abrir las puertas de las percepción el mundo se hacía más amplio, esto sigue siendo tal cual mencionábamos antes.
Sobrados son los ejemplos que nos marcan esta lamentable realidad, y que para algunos seria como una suerte de retroceso cuando en realidad imaginaban que el futuro, tal vez en un futuro más cercano de lo que muchos imaginan, les iba a proveer de las bondades “más humanas” que un soñador de aquellos idealistas se podría imaginar en uno de esos sueños diurnos que se erigen como vía recta a un mundo mejor.
Lo que queremos argumentar con esto, lo que anhelamos exponer ante la mirada de aquel que por un rato se haya distraído y por consiguiente haya desviado su atención de estas cuestiones, es que a pesar de que en nuestro país particularmente, y en otras regiones del mundo también se hayan convalidado derechos que protegían la integridad de las llamadas “minorías sexuales” , tales como la ley de matrimonio igualitario que le permite a dos personas del mismo sexo biológico dentro de la lógica binaria contraer matrimonio, y también la nueva ley de identidad de genero que permite a las personas trans acceder a la rectificación de sus datos registrales sin previamente pasar por una instancia judicial, los prejuicios y la segregación de las personas trans  y homosexuales siguen tan o casi vigentes como lo han estado desde hace mucho tiempo.
En este ensayo, entenderemos por personas trans a aquellas personas cuya sexualidad no puede ser encerrada dentro de los estrechos límites que implica la lógica binaria. Tal es así que el sexo asignado al nacer, de raigambre biomédica, puede no coincidir con la identidad de género que una persona cualquiera adopte en el curso de su desarrollo. Es decir, que desde la perspectiva transgenérica, no se entiende a la diferencia sexual como una matriz necesaria de subjetivación que signifique una suerte de condicionamiento inexorable para las personas. A partir de esto, se puede inferir que nace una categoría de persona independiente de tales condicionamientos.
Para continuar en la línea que veníamos remarcando y que aludía al prejuicio como manifestación prominente en la actualidad, muy a pesar de que con el advenimiento de la democracia, tras una época marcada a fuego y piel por un golpe de estado que se encargó de cercenar los derechos y libertades de todos cuanto no se ajustaran a las lógicas más conservadoras, aniquilando ideas y no solo metafóricamente, se llegó a marcar un antes y un después con respecto a los derechos de las consideradas “minorías”. Pero muy a pesar de esto, la segregación sigue siendo algo que nos encandila por su visibilidad.
Al haber convocado a la cita la palabra “prejuicio”,  también se hace necesario convocar la palabra discriminación. Y a partir de este momento, para ir dejando bien en claro los rumbos por los cuales se hace camino, es preciso dar una definición de cada una de estas dos. Tomando las palabras de Robert Baron y Donn Byrne, el prejuicio hace referencia una actitud, generalmente negativa, hacia los miembros de un grupo social por el simple hecho de pertenecer a este colectivo; mientras que la palabra discriminación se refiera las actitudes    traducidas en acciones.
Para hacer más transparente lo que intentamos decir, los ejemplos tocan a la puerta de nuestra capacidad imaginativa. En nuestra República Argentina, prejuicios y discriminación sobre las personas trans abundan y en gran cantidad. Pero, actualmente, comparando nuestros tiempos con épocas que han quedado en la historia a modo de cicatrices, la discriminación o actitud negativa llevada al acto no se caracteriza por ser tan violenta y manifiesta como en algún tiempo lo ha sabido ser; y donde incluso el mismo estado podía llegar a ser el inquisidor. Este hecho arroja sobre nuestras mentes la hipótesis de que durante los últimos años, Argentina, y más precisamente también América Latina, haya estado gobernada por políticas de corte progresista ha hecho que los actos discriminativos más explícitos y violentos sean juzgados y condenados no solo por las entidades encargadas de garantizar la justicia en el seno de la civilización, sino también por una gran parte de la sociedad.
Pero a pesar de que los actos violentos de discriminación son condenados por una gran mayoría, esto no significa que habitemos una suerte de paraíso tal como el que soñaba John Lennon en su canción “Imagine”. Por mas que el contenido manifiesto de la realidad nos haga creer en una suerte de reducción si de prejuicios se habla,  lo que aparece más factible a la inspección, y siguiendo los pasos de Robert Baron y Donn Byrne, que habitamos junto a lo que estos dieron en llamar “formas de discriminación sutil” .
Como siempre, los ejemplos sirven para aclararnos el panorama sobre aquellas ideas que queremos plasmar en el papel, y para esta peculiar forma de “discriminación” también brotan algunos.
El primero que sale de las profundidades del vasto océano que se nos ofrece como secuaz a la hora de la redacción, proviene del campo del lenguaje. Como lo había anticipado alguna vez el legendario psicoanalista vienes Sigmund Freud, uno es esclavo de lo que habla, y por tanto el juego de palabras que profiere en determinado momento un sujeto cualquiera siempre connota algo del orden de lo más profundo e interno en torno al mundo de ideas y sentimientos que una persona conlleva dentro de sí. El hecho de que a la hora de hablar acerca de la homosexualidad se utilicé la palabra tolerancia en relación a los sujetos que se relacionan afectivamente con personas de su mismo sexo, no dice solo algo, sino que dice mucho por no decir casi todo, ya  que hablar de verdades absolutas seria retraerse retroactivamente al mundo de las esencias platónicas.
Generalmente, las palabras, para aquel auditorio que se encuentre en el papel de receptor pasivo esperando escuchar aquello que sus oídos esperan escuchar, no contienen más que un contenido manifiesto, y pensar en la idea de que algo mas se esconde tras ellas sería como para un hombre de ciencias medio del siglo XXI creer en fantasmas.
La palabra tolerancia, si los sistemas de interpretación de los cuales poseemos no sufrieron ningún tipo de percance, designa algo que “debemos soportar” a pesar de  que nos disguste. He ahí en el simple uso de esta palabra, como se pueden develar prejuicios e ideas que inclusive algunos usuarios de la palabra tolerancia no percatan. Hablamos de una tolerancia que discrimina, margina.  Como leíamos en un articulo publicado, “la clave no es tolerar sino aceptar la diferencia”.[2]
Otro ejemplo, para seguir citando y así crear una base de argumentos sólidos, está directamente vinculado la situación laboral de las travestis. En la actual sociedad, con marcados sesgos machistas y donde hoy día algunos creen en una suerte de superioridad de la figura del hombre por sobre la humanidad de la mujer, encontrar un trabajo digno para cualquier travesti se convierte en algunas ocasiones en una historia digna de una telenovela dramática, y muchas de ellas son arrojadas a la calle para ejercer el empleo más viejo del mundo(prostitución), con el amplio margen de riesgos que someterse a tal vida conlleva, tales como el contagio de enfermedades venéreas, la violencia en cualquiera de sus aspectos, y el acercamiento al consumo de drogas para mantenerse despiertas.
Todo esto que con anterioridad mencionamos, vinculado con la prostitución como una de las puertas que quedan abiertas cuando parte de la sociedad se encarga de cerrar bastantes otras, muchas veces es propulsor del estereotipo negativo que recae sobre la figura, en este caso, de las travestis. Pero, por lo general, pareciera que esta gente no se pregunta porque una travesti lleva tal vida, sino que contrariamente, pareciera que eligen optar por la opción que reza que estas eligieron la vida que llevan, como si en la realidad fáctica se presentasen muchas otras oportunidades.
Al tomar consecuencias por causas, al erigir a la prostitución como un camino casi vocacionalmente adoptado, es casi imposible no remitirse a las palabras que Michel Foucault haya proferido sobre la relación que en muchos casos ha ido a la par entre la homosexualidad y suicidio. Este autor, siempre digno de mencionarse, explicaba que sobre el imaginario colectivo de nuestras sociedades actuales era muy frecuente la creencia de que las personas homosexuales tienen una mayor tendencia a cometer suicidio que las personas heterosexuales. Foucault, lo suficientemente libre como para abrir sus alas y desprenderse del suelo que en ciertos momentos nos impide descubrir el universo de cosas que nos rodean, plantea que no hay nada en el origen de la homosexualidad que la haga más susceptible o más predispuesta al suicidio; sino que  en todo caso, si esto fuera así, se lo debería plantear  en los términos que llevan a considerar las mezquindades a las que son sometidos las personas que incurren a tal acto para así, de una buena vez por todas, acabar con lo que se imponía para la parte más sensible del alma como un infierno en el cual se quemaban vivos lo que en algún momento fueron esperanzas y sueños.
Sumada a estas palabras de Foucault, otra cosa que vocifera con fuerza y esplendor es la frase de la canción de Víctor Heredia “Sobreviviendo”, que rezaba “Yo no quiero ser solo un sobreviviente, quiero elegir el día para mi muerte”
El invocar al suicidio, y a la creencia que lo acompaña según algunos, es imposible que no se nos venga a la mente a la figura del diputado salteño por el PRO “Alfredo Olmedo”, que era uno de los que sostenía con enorme convicción tal idea y además abrazaba con esfuerzo la idea de que los homosexuales no eran naturales.
Ahora bien, la pregunta que es o no natural nos lleva a esgrimir, siguiendo el sendero marcado por Judith Butler "que el sexo es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa de género”[3]. En otras palabras, que la idea del sexo como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo de género”.  Como tal, una definición del sexo nunca podría ser alcanzada, lo que dio pie y da a la emergencia constante de la transgeneridad.
Mauro Cabral y Javier Leimbruger exponían sobre este concepto que el punto sobresaliente que caracteriza la transgeneridades; “el sentido de la contingencia: en la transgeneridad no existen ni dos sexos naturales entre los cuales transicionar ni una relación necesaria, obligatoria, entre anatomía, identidad de género, expresión de género y sexualidad, etcétera.”[4]
La aparición de la transgeneridad como objeto de estudio, ha hecho posible pensar a la sexualidad de una manera muy distinta a como se nos había impuesto desde las instituciones cuya bajada de línea era de tipo patriarcal. Nos permite pensar al sexo y a la identidad genérica no necesariamente soldados, sino como algo que escapa a la mera lógica binaria y permite expandir la visión del investigador más allá de todo lo referido a los dogmas.
La constante lucha de los distintos movimientos sociales y de género, ha hecho posible que en los últimos tiempos, personas que antes ni siquiera eran consideradas ciudadanos o compatriotas por algunos, hoy dispongan de mayores cantidad de derechos de los que poseían hace unos cuarenta años atrás. Cabe destacar que todos estos logros han ampliado o extendido derechos que anteriormente no abarcaban a parte del colectivo social. Tal aseveración puede ser ejemplificada con la aprobación de la nueva ley de género por el senado.
Esta nueva ley de identidad de género no es sólo un avance en pos de los derechos de sus beneficiarios, sino que también es un llamado a la sociedad a pensar y repensar la inclusión de la homosexualidad dentro de las perversiones[5], pues luchar fervientemente por estar amparados por la ley y no apartarse de ella, no es precisamente perverso, pues el perverso jamás buscaría otra cosa que mantenerse apartado de la ley.
Un aspecto que no debería pasar por alto de la ley de identidad de género es la ampliación de la categoría de ciudadano. ¿Qué es un ciudadano? Una definición bastante completa puede ser: un ciudadano, es una persona registrada por las autoridades, que forma parte de la sociedad. La condición de ciudadanía, conlleva derechos y obligaciones que el ciudadano ha de cumplir para sostener su condición de tal. Otra definición, complementaria a la anterior puede ser: “Ciudadano es la persona que, por su condición natural o civil de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad”[6].
La última parte de esta definición es interesante porque antes de la ley de identidad de género, no estaba penada explícitamente cualquier elección sexual no heterosexual, pero como tampoco estaba reconocida, quedaba en una zona intermedia, liberada. Sin estar incluidos en la ley (positiva o negativamente), quedaban al margen de ella y condenados a ser objeto de imaginarios sociales que por miedo, ignorancia, odio o una combinación de todas, no llevan a otra cosa mas que a la discriminación, homofobia, marginalización, estigmatización. Imaginarios tales como el SIDA (o “peste rosa” en los años 80’) era una enfermedad indisolublemente ligada a la homosexualidad.
Así, estos imaginarios condenan a las personas con diferentes elecciones sexuales a no poder compartir espacios comunes para reunirse, a no tener acceso a puestos políticos, a no tener acceso a servicios de salud como cualquier persona.
Desde esta perspectiva, la ley de identidad de género, es un cachetazo a esos imaginarios, porque desde la legalidad se impone la igualdad en el trato social de todas las personas condenando a la discriminación con sanciones severas. Permite, entre otras cosas, el acceso gratuito (porque como ciudadanos que pagan sus impuestos, es su derecho y para el Estado su obligación) al sistema de salud pública sin tapujos ni engaños, y des-estigmatizar, de esta manera, que las operaciones de cambio de sexo son por puro capricho (prejuicio que es producto de que la elección de ser homosexual es caprichosa). Por esto, creemos que la ley de identidad de género es una recategorización del concepto de ciudadano, quita las cadenas que pesaban sobre los homosexuales, travestis y transexuales que los condenaban a un limbo que, al no estar reconocido por el Estado, era condenado por imaginarios cobardes.
A partir de diferentes prácticas sociales se fijan estereotipos a cerca de personas que comparten ciertas cualidades, ideología, modo de vida; se instauran estereotipos sobre las personas homosexuales que llevan a la discriminación. Actitudes y sentimientos que llevarían a la homofobia.
“Se llama “Homofobia”a los sentimientos negativos, actitudes y conductas dirigidos contra las personas homosexuales” (Weinberg, 1972).
Esta es la definición más clásica. Podríamos completarla agregando que también incluye a las personas heterosexuales percibidas como homosexuales y por extensión a toda práctica o conducta que se diferencie de los comportamientos relacionados con el género prescripto para las personas, basado en su biología.”[7]
Existen imaginarios sociales colectivos a partir de los cuales se asocia la homosexualidad  con la promiscuidad o la pregunta de si la homosexualidad, travestismo…  abreviemos: cualquiera no heterosexual, son perversiones, pregunta mas que de otro siglo, pertenecería a otra era, por lo que en el marco de este seminario nos parece desactualizada, sin embargo, no lo es tanto al nivel social. Si bien la perversión se podría definir de diversas maneras, en cualquiera de estas definiciones sería una constante la caracterización de la perversión como un apartamiento de la norma.
A pesar de que aún queda mucho camino por andar, y como ya había dicho Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace al andar”, la lucha por habitar una nación más justa, una Latinoamérica más equitativa y un mundo libre de prejuicios, no se va a dar desde la mera pasividad. El verdadero cambio para tener una sociedad totalmente inclusiva que no excluya a cualquier persona por el solo hecho de su orientación sexual, se va a gestar en el espacio para la lucha en el reconocimiento de los derechos que sean equitativos y justos para todxs y no dejen por fuera a nadie. El hecho de que la comunidad LGBT se haya hecho de algunos derechos que años atrás formaban parte de un sueño diurno, ha emergido en la medida en que estos se posicionaron como sujetos políticos que se atrevieron a cuestionar los cánones hegemónicos que entornaban a todos los habitantes de nuestro suelo. Nada se ha logrado desde la pasividad; y hoy día es el momento para que cada ciudadano se ponga de pie y abandone su postura de hombre arrodillado, y se cuestione sobre la facticidad o no de las redes hegemónicas de poder que los atraviesan.
Si bien en cada proceso de lucha siempre van a existir posturas antagónicas que se presentan tal cual como piedras en el camino (iglesia, partidos políticos conservadores), némesis que obstaculizaron sin éxito tanto las demandas por el matrimonio igualitario como por la ley de género, estas situaciones que se presentan nunca deben hacer de desmotivadores que inciten a abandonar un proyecto que conlleve a una mejor calidad de vida para todos.
Como el de todos los soñadores, el nuestro es un sueño que esperamos en algún momento se concrete. Como ha dicho Enrique Pichón Riviere, de lo que se trata es de construir una totalidad compuesta por partes heterogéneas donde cada uno pueda repensarse en torno a la figura del otro y de esa manera eliminar estereotipos.
Mientras tanto, todo será un sueño que la lucha seguramente puede llegar a materializar, y para esto es necesario no quedar atrapados en la crisis, sino que es necesario utilizarla como principal aliada para repensar continuamente nuestras realidades y así poder avanzar en pos de la edificación de un mundo nuevo donde todas las deidades conspiren en pos de la justicia, igualdad social y la solidaridad
Como decíamos anteriormente vivimos en el siglo XXI, en un país donde se acaban de garantizar dos leyes de suma importancia para la comunidad homosexual, con la aprobación de ambas leyes se están  reconociendo los derechos de un colectivo de nuestra sociedad, consideramos que estas leyes son un paso muy importante hacia la igualdad y la justicia social. Sin embargo también somos concientes que aun faltan cambios sociales, culturales, y sobre todo cambios de ideología, ya que hoy en día a pesar de estos grandes avances sigue existiendo estereotipos, prejuicios e imaginarios sociales que llevan a la discriminación de la comunidad homosexual.























Bibliografía:


·         Baron, Robert A. y Byrne, Donn. Psicología Social. Cap. 6 “Prejuicio y Discriminación: Cómo Comprender su Naturaleza y Contrarrestar sus Efectos”.Madrid 1998.
·         Cabral, Mauro. Glosario en Construcción. Un Itinerario Político del Travestismo en Serias para el Debate Nº 3. Lima 2004.


[3] Sabsay, Leticia. Judith Butler para Principiantes. Rosario.
[4] Cabral, Mauro. Glosario en Construcción. Un Itinerario Político del Travestismo en Serias para el Debate Nº 3. Lima 2004.

[5] Al lado del fetichismo, voyerismo, exhibicionismo, sadismo, masoquismo, acosadores, pederastas, violadores, etc. perversos sin dudas  que cumplen, además, con otro  requisito fundamental de la perversión: buscan la angustia del Otro. Ahora bien, pude decirse lo mismo de la homosexualidad? Del travestismo? Afirmarlo sería forzar, no sólo los conceptos, sino también lo que la realidad nos muestra.
[7] Diversidad sexual: conceptos para pensar y trabajar en salud. Ricardo Duranti.

jueves, 24 de mayo de 2012

La política y su esencia



La política, no es ni más ni menos que la lucha por alcanzar el poder en su máximo exponente para imponer por vía de la persuasión una determinada visión de la realidad para quienes viven bajo un determinado estado, y así generar cosmovisiones acerca de la realidad.
  La manera mediante la cual se trata de acceder al máximo de posesión de poder en nuestro país donde rige la democracia, es mediante la ocupación de los puestos más relevantes en el estado, máxima institución en un territorio delimitado geográficamente. Quien ostenta el poder hegemónico que le da el estado, ostenta el poder hegemónico de tomar las decisiones con mayor peso dentro de un contexto espacio-cultural determinado, y así gobernar bajo la noción de estado, modelo, ideología y país que creen como el más idóneo para asegurar el correcto funcionamiento en todas sus líneas de la sociedad.
  Como ya hemos mencionado, la obtención de los puestos más jerarquizados dentro del modelo estatal es lo que se configura dentro del plan que desde cada ideología, materializada en un partido político, se propone poder lograr.
  La manera de poder acceder a tal objetivo, en nuestra querida patria, es mediante el voto universal que posiciona a unos partidos por sobre encima de otros en el imaginario de la sociedad. Y el mejor camino de granjearse la simpatía de ese pueblo que hará las veces de juez a la hora de decidir quiénes serán los que lo representaran y se harán cargo de sus necesidades como sociedad es la persuasión ejercida por el discurso que pre-elecciones que desde cada partido esgriman cada uno de los que se postulen.
  El discurso, arma más poderosa de lo que la media de la sociedad puede llegar a creer, es el medio más poderoso que los seres humanos han utilizado para convencer a sus pares desde los comienzos mismos de la civilización. Mediante esta arma, el hombre ha justificado cada acto que ha llevado a cabo en cualquier momento de su vida. Tal es así que ha logrado hacer de cosas horripilantes desde el punto de vista de nuestro espacio socio-cultural actual, actos heroicos los cuales no en pocas ocasiones fueron justificados bajo la insignia de “Dios lo quiere así”.
  Dejando un poco de lado a la esencia del discurso, y volviendo al camino señalado por el cometido del actual ensayo, sería adecuado profundizar un poco más sobre cómo es que desde una ideología política, y más precisamente desde su organización física en partidos, se utiliza el discurso como principal aliado.
  Cada organización, mediante el uso del discurso, trata de imponer(en el buen sentido)su ideología política, su manera de interpretar al mundo y las relaciones que lo componen, como el mas adecuado para explicar las determinadas problemáticas de la realidad y así poder buscar una solución, siempre partiendo desde la base ideológica como raíz. Es decir, que el discurso actúa como medio para sugerir la validez de un determinado sistema de pensamiento para de esa manera insertarlo en las mentes de las mayorías y así poder llegar a ocupar la cúspide de la pirámide en una determinada nación.
  El tan mencionado estado, es la máxima institución en términos de posesión de poder, y por lo tanto es desde este donde se pueden tomar las decisiones que con mayor incidencia afectaran el desenlace de una sociedad, y por ende también es el lugar más adecuado desde donde una determinada manera de percibir la realidad puede erigirse como la que más se ajusta a la realidad social.
  Para dar un paso más en esta empresa, digno seria mencionar cuales son los medios más usuales por los cuales puede posicionarse un discurso como el más adecuado a la hora de hablar de la realidad que nos contiene a todos y a cada uno de los habitantes de un determinado estado.
  Para no dejar de lado el medio predominante hoy en la Argentina por el cual se trata de hacer todo esto que venimos mencionando, es de suma importancia hablar de cómo un partido puede usar los medios de comunicación para crear realidad mediante la difusión masiva de sus campanas. Siempre que el estado sea de tipo democrático, y se puedan expresar opiniones diversas tendientes a interpretar la realidad, los medios de comunicación masiva se transformaran en un vehículo por el cual se tratara de mostrar un “determinado país” y así poder erigirse como dueño de la verdad política, siempre en términos relativos.
  Otro medio por el cual se pueden crear distintas visiones visiones del mundo es por medio de las instituciones educativas. Tales instituciones están atravesadas por determinados intereses políticos que hacen las veces de sustento material atravesando y determinando las naturaleza de los contenidos que ahí se imparten.
  Todo esto de sugerir realidades mediante el discurso es lo que Pierre Bourdieu definió como “violencia simbólica”, que hace referencia  se utiliza para describir las formas de violencia no ejercidas directamente mediante la fuerza física, sino a través de la imposición por parte de los sujetos dominantes a los sujetos dominados de una visión del mundo, de los roles sociales, de las categorías cognitivas y de las estructuras mentales.
  Finalmente, para ir concluyendo, nunca sabe mal hacerlo con un resumen sobre el tema central del escrito. La política se podría explicar cómo una lucha de poderes donde cada ideología, organizada materialmente en un partido político trata de alcanzar los máximos puestos en el estado para de esa manera agrandar el poderío de sus redes de poder. Los medios para llegar a tal espacio que se corporizan en el discurso, y por lo tanto, el hecho de alcanzar el estado es lo que posibilita poder hacer más masiva a la ideología y tomar decisiones con mayor poder de alcance sustentadas en la ideología de raíz.
  Por tanto, la política es la búsqueda del poder desde la preponderancia de un discurso sobre otro, y cuanto más masivo, en mayor medida será  adoptado por el pueblo sea este, mayor será la realidad que este proceda a construir.


miércoles, 25 de abril de 2012

La inseguridad y sus causas




La actualidad nos hace testigos de hechos que amenazan de alguna manera u otra la integridad de la sociedad en su conjunto, pero que pocos se atreven a cuestionar en profundidad, profundidad que les permitiría llegar a resolver el acertijo que se oculta en las profundidades de los mares del desconocimiento.
  El fenómeno de la inseguridad, una temática que hoy ocupa en gran medida la vida de los argentinos, fenómeno que ha aumentado con el pasar de los años, es un tema del que muchos opinan y hablan como si se tratara de algo que no encaja en los moldes de un paraíso celestial que nosotros, seres de bien, habitamos.
  Las graves situaciones de crisis que se dieron en los últimos años en nuestro país, acarrearon una enorme cantidad de problemas vinculados con la emergencia de personas, que siendo las que más pagaron las consecuencias de estas, quedaron posicionadas en una situación de extrema vulnerabilidad social.
  Estar en situación de vulnerabilidad social implica no poder satisfacer necesidades tan básicas tales como como lo son el derecho a la educación, el derecho a tener todos los días un plato de comida en la mesa, el libre acceso a una vivienda digna, y demás cosas que conforman el grupo de las necesidades tales como el derecho a acceder a los servicios de salud.
  A partir de que muchas familias se hayan visto envueltas en una situación tal que no podían satisfacer sus necesidades básicas, con la impotencia que conlleva el hecho de no poder mandar a sus hijos a estudiar por falta de dinero, con lo cual estos terminan trabajando y no estudiando como sucede en muchos casos; es como comenzaron gran parte de los problemas que hoy conocemos y etiquetamos con el rotulo de inseguridad, y que muy pocos parecen querer analizar hasta lo más profundo de sus entrañas.
  El hecho de estar por fuera del sistema, para muchas familias significo estar por fuera de la vida, consumiéndose en la impotencia de no poder vivir dignamente mientras los medios de comunicación le mostraban una vida que nunca iban a poder tener. Es por esos momentos donde la impotencia se apodero por completo de algunos, y las esperanzas de tener una vida mejor abandonaron las huestes de sus vidas.
  Cuando las esperanzas se esfuman, cuando no hay ningún sol, ningún renacer en el horizonte que indique que hay algo mejor por venir, es ahí donde aquello que muchos hablan desconociendo gran parte de la problemática y reza “para estos la vida no tiene ningun sentido”, cobra algún sentido.
  Una pregunta un tanto para anda retorica emerge: ¿Qué sentido puede tener la vida para una persona a la cual, literalmente, la vida lo ha escupido en la cara? Esta es una pregunta que en el fondo suponemos que muchos deben saber responder, pero quizás por cuestiones de comodidad y por riesgo a que se caigan los anillos que decoran a sus manos en cuyas venas corre sangre real, no se atreven siquiera a formularse.
  Cabe destacar también, como ya hemos querido hacerlo de manera implícita, que la pobreza no es sinónimo de criminalidad. Esbozar esto sería  criminalizar a la pobreza, cosa que no pocos que quieren dar una opinión sobre esta problemática terminan haciendo. Hay que hacer incapie en el hecho de que estar inmerso en una situación de extrema vulnerabilidad social influye de alguna manera en la problemática de la inseguridad sobre la cual venimos hablando, pero no determina de ninguna manera.
  La gran mayoría de los actos delictivos, los cuales en su mayoría son tema de conversación cotidiana, son realizados en su mayoría según determinadas encuestas realizadas en los últimos años, por personas menores de edad. Estos, en muchos casos son señalados por gran parte de la sociedad como personas las cuales cometen un acto delictivo porque gustan de la plata fácil y además no son condenados. Pero, pocos son los que pretenden darse cuenta de que tras esos dichos y ese pensamiento, se oculta la vida que estos jóvenes han vivido. Vida en la cual estuvieron privados de muchas de las satisfacciones básicas que cualquier humano tiene derecho a tener a su alcance, vida en la cual tuvieron que ser testigos de cómo sus familias perdían lo poco que tuvieron, mientras que algunos otros, en algunos casos de manera licita y en otros de manera fraudulenta, aumentaban su patrimonio sin importarle que ellos tuvieran un plato de comida en sus mesas.
  Al haber esgrimido el hecho de que algunos aumentaban su patrimonio mientras que otros lo perdían todo, no se trata de demonizar a quien le ha ido bien, sino de poner bien en claro que es una suerte de hecho previsible que el velar tan solo por el bienestar de uno mismo sin dar vuelta la cara para ver cómo se siente otro ser humano, es algo que con el tiempo va a traer, y de hecho trajo consecuencias.
  Para seguir en la línea de nuestra temática, otra problemática se ha venido a sumar a la de la inseguridad en los últimos tiempos, y es la del aumento en el consumo de drogas. Este aumento no hizo más que agravar hoy en día el problema de la inseguridad, ya que muchos jóvenes delinquen para poder conseguir sus dosis diarias. Pero esto no termina aquí, sino que emerge una pregunta: ¿Porque estos, a pesar de saber los efectos nocivos que provocan las drogas tales como el paco, eligen consumirlas? La respuesta se hace evidente al momento en que podemos denotar que para aquellos a los cuales el sistema vacío sus esperanzas, el futuro no existe, y si existe puede llegar a ser incluso peor. Es así que para muchos la droga es una salida, un refugio del mundo que tanto los ha castigado.
  El problema de la delincuencia no ha hecho más que agravarse con esto último. Para la sociedad en términos de media es muy juzgar y apuntar con el dedo esgrimiendo “estos roban para drogarse”, pero tras eso se esconde un trasfondo compuesto de dolor, abandono y falta de esperanzas ante el rechazo de la sociedad y también la falta de ayuda por parte de esta, lo que hace que un mero estupefaciente se transforme en un modo de poder hacer más llevaderos los días escapando de la realidad.
  Para ir terminando, sería importante destacar que el fenómeno que describimos como inseguridad es una de las consecuencias que le ha tocado afrontar a nuestra nación luego de tantos años de políticas neoliberales desmantelando el país.
  La mejor manera de acabar con esto, seria en primer lugar empezar por cambiar la mirada individualista por una visión colectiva de la vida, donde el yo se convierta en un tú, donde el dolor ajeno sea visto y sentido como propio. La mirada colectiva será aquella que propicie las condiciones para que la educación, la salud, vivienda y demás necesidades básicas puedan ser satisfechas por todos.
  Pero para que se de esto, cada ciudadano deberá dar lo mejor de sí practicando el compromiso comunitario en cada acto de su vida, en lugar de ver a la gente que sufre como a la que goza de todos los bienes como islas. Todo tiene que ver con decisiones políticas y sociales, y por tanto el verdadero cambio se dará desde las raíces, velando por el bienestar de todos los hombres que componen la sociedad, despojándonos del sesgo individualista que implica el “yo tengo esto porque me lo gane trabajando”, despojándonos también de todo lo que nos quieren imponer los medios de comunicación que no hacen más que crear realidad de acuerdo con determinados intereses, y finalmente practicando la tolerancia y la sensibilidad hacia el prójimo en cada instante.
  Las palabras mencionadas anteriormente son una guía que conducen a que haya horizontes para todos y no solo para unos pocos, y que a partir del presente también se pueda pensar y soñar con seguir avanzando en la construcción de una mejor nación. De lo contrario, de no ser practicados el amor, el respeto y la tolerancia mientras que el individualismo crece, seguiremos tropezando con la misma piedra, que es lo que hacemos desde tiempo atrás y nos negamos a aceptar.

miércoles, 11 de abril de 2012

Suicidio, despersonalización e imposiciones capitalistas


Con el transcurrir de los años, un fenómeno de índole negativa ha aumentado su frecuencia dentro de nuestra sociedad. Tal fenómeno, ni más ni menos, es el fenómeno del suicidio, fenómeno para el que existen múltiples respuestas acerca de las posibles causantes que llevan a tal desenlace.
  En este caso particular, vamos a reducir un poco el número de causantes, y vamos a analizar un fenómeno tan importante como también lo son las crisis económicas, sociales y familiares para la toma de decisión suicida. Tal fenómeno es el de la despersonalización.
  El estilo de este artículo, como ustedes podrán notar a lo largo del texto, es de corte existencialista, ya que trata de lo más profundo, que es la esencia de los sujetos particulares. Y como ya habíamos dicho, nuestra perspectiva existencialista de hoy solo hará referencia al fenómeno de la despersonalización, con motivo de poder estudiarlo más exhaustivamente que si lo hiciéramos acompañado de otras posibles causantes.
  La sociedad que habitamos, está compuesta por un conjunto de personas que en cada instante nos explican y enseñan cómo es que debemos vivir. Tales individuos, ya sea mediante propagandas que invitan al consumo para poder erigirse en posición de ganadores, ya sea mediante la promoción en general de valores por los cuales una persona debe ser juzgada, prescindiendo incluso de su calidad humana, esclavizan de cierta manera en cada miembro de la sociedad. Y cuando decimos que esclavizan a cada miembro de la sociedad, hacemos referencia al hecho de que se nos quita la posibilidad de ser nosotros mismos, de ser fieles a nuestra esencia y regar la semilla de nuestra propia alma para que pueda convertirse en una flor.
  Habiendo mencionado el carácter esclavista de los modos e imposiciones de vivir y percibir la vida por parte del discurso hegemónico de aquellos que detentan el poder en nuestra sociedad capitalista, se podría considerar al hecho de adoptar estas maneras de vivir la vida e interpretar al mundo circundante que nos rodea como la primera muerte del sujeto.
  Esta primera muerte, la cual a muchos tal vez sorprenda, es aquella por la cual un determinado sujeto renuncia seguir el camino trazado por la benevolencia de su espíritu y se inclina por adoptar aquellas representaciones impuestas y elegidas por la gran media de la sociedad.
  A partir de ese momento, a partir del desenlace funesto en que el espíritu es privado de la luz que le muestra y guía por el camino conforme a su persona, es que en algunos casos emergen los periodos confusionales que podrían ser denominados como crisis existenciales. La aparición de estas crisis en la vida de cualquier sujeto acarrea problemas tales como la falta de sentido ante la vida, ese desconocimiento acerca de cuál es la función que cada quien viene a cumplir en el mundo, y además un enorme desprecio hacia el mundo que hace las veces de envoltura.
  El desprecio está relacionado con el hecho de creer cuasi-religiosamente en aquello que esboza que el mundo y la vida no son más que aquellas interpretaciones y modos de vivir que se nos han impuesto. La ignorancia ante esto, la falta de aquellos conocimientos que explican que las representaciones sociales no son más que representaciones creadas en el transcurso de la historia por la reunión de un puñado de personas, y no leyes que hayan sido bajadas de un decálogo por los dioses, es lo que genera principalmente el sentimiento de vacío y confusión que lleva a un periodo de crisis donde el sujeto se abre camino hacia el submundo de la constante depresión.
  Estando maduro el carozo que contiene a la primera muerte del sujeto, la simbólica existencial, variando según cada caso y su correspondiente, la crisis existencial puede ser una oportunidad tanto como para evolucionar espiritualmente y ver que la verdad se aloja más allá de lo evidente de las representaciones sociales que aniquilaron al sentido, o también puede ser una puerta que se abre a lo peor que podría pasarle a una persona que vino al mundo para ser feliz: la muerte.
  Como ya lo hemos mencionado, la muerte, última salida cuando la vida se convierte en una tortura sacrilegiosa para el propio espíritu, no es la decisión a la cual llegan todos. Algunos, quizá con un psiquismo más fuertemente armado y estructurado llegan a encontrar la salida por otro lado y hacen de la causa una nueva experiencia en la cual no se permiten volver a tropezar con la misma piedra.
  Las salidas a la hora de encarar esta problemática se relacionan con encontrar un sentido, quitarnos el velo que cubre nuestros ojos y poder ver más que nunca antes la verdadera realidad. Uno de los tantos medios, aparte de terapias de todos los tipos que ayuden a estabilizar la estructura psíquica, es la literatura, por la cual podemos entender en que enorme medida el mundo es constituido y sancionado por los hombres.
  Pero los libros, a pesar de que su utilidad es enormemente fructífera, no serán los únicos capaces en términos generales de acabar con estos tipos de muerte premeditada. La mejor manera de extirparla del seno de la sociedad será mediante la toma de conciencia total de la población, y la posterior rebelión que le procedería que tiene que ver con cuestionar todos los dogmatismos impuestos, y renunciar en parte a estos para poder vivir en un mundo donde la única religión y política sean la libertad acompañada del amor por la humanidad, lo que permitirá que seamos libres sin licencia para hacer el mal.
  Seguramente, si como civilización nos formáramos para alertar a nuestros projimosa que vivan su vida conforme a lo que sienten que es para ellos, si dejásemos de inculcarles la idea de que las personas se miden por los bienes materiales que tienen a sus alrededores, que la calidad humana y el éxito en la vida no se miden por la cantidad de personas interesadas que pululan a nuestro alrededor; seguramente eso contribuiría a que cada cual encuentre su camino en la vida y la desidia y la confusión existencial no toquen las puertas del alma de cada individuo, alejando también a uno de los factores suicidas.
  Para ir cerrando, es importante volver a destacar que tomar la problemática del suicidio desde el ángulo de la despersonalización es solo un aspecto reducido de hacerlo, ya que como hemos dicho, otros factores como las crisis económicas por ejemplo son muy influyentes; pero sin embargo aunque sea solo una manera reducida de interpretarlo, es también una manera de empezar a desmenuzar una problemática harto compleja y vasta, que esperemos algún día poder comprender mejor para de esa manera disminuir la frecuencia de estos actos suicidas y reparar los baches de la sociedad con algo que la haga más participativa, estudiosa y critica de todo lo que la compone.